“La muerte es el principal agente de cambio de la vida,
retira lo viejo para dejar sitio a lo nuevo.
Si vives cada día como si fuera el último,
algún día tendrás razón”
Steve Jobs
Cuando era pequeña iba a un colegio de monjas, en él había un convento. Cada vez que una de ellas moría, todas las niñas íbamos en procesión a despedirla. Recuerdo que colocaban el féretro en el centro de una gran sala, las vestían con un hábito blanco. En más de una ocasión repetí visita, me llamaban muchísimo la atención sus caras relajadas, su piel de cera, la sensación de sus cuerpos vacíos, muertos… ¿Dónde estaban ellas?
Más adelante viví la muerte de mis dos abuelos. Últimamente me he acordado mucho de la de mi abuelo Paulino. Pasó dos años en casa enfermo, tenía cáncer, esperando la muerte. Todas las tardes, después del colegio le visitaba. El me esperaba con mis dulces favoritos. Siempre tenía visita, su tertulia de amigos se había trasladado al salón de su casa. Yo, me sentaba en alguna esquina del salón y simplemente le observaba. Sabía que se iba a morir, aunque mis padres me lo negasen. Hoy, después de casi treinta años, descubro que era aquello que me llamaba la atención y observaba en él, vivía el momento presente, disfrutaba de los pequeños grandes placeres de la vida. Me doy cuenta que fue mi gran aprendizaje para vivir mi circunstancia actual.
Incluso en mi época adolescente volví a tener la oportunidad de convivir de nuevo y muy de cerca con una enferma terminal, una de mis tías en Madrid tenía una enfermedad degenerativa. Allí estaba yo, todos los domingos puntual a mi cita. Me fascinaba su actitud, la interesaba mi vida universitaria, mis líos de adolescentes… la economía, la política, la actualidad. Era una gran lectora y una gran conversadora, sus recomendaciones literarias eran fabulosas. Pero, se iba a morir, ¿era consciente?
Toda esta admiración hacía la muerte se acabo para mí de un plumazo, el día que fui madre. Empecé a sentir un miedo atroz a morir, a dejar a mis hijos solos… Y, de alguna manera morí. Me alimentaba de mi papel de madre, al resto morí, me dormí. Deje de hacer todo aquello que me gustaba pero podía tener un riesgo… Todo aquello que pudiera sonar a cambio me producía un enorme rechazo. Estaba más muerta que mi abuelo o mi tía esperando la muerte física y cercana. Había momentos fugaces en los que me daba cuenta, pero mi mente me ayudaba a esquivarlos. Hasta que un día, llegó el despertador en forma de coxis roto, se había acabado el recreo, vuelta a la vida, comienza el despertar…
Ahora, haberme acercado a la posibilidad de mi muerte física me ayuda a aceptar mi muerte a cada instante. Lo que curiosamente me lleva a aprender a sentir la vida. Así, se convierte en una experiencia de gran intensidad, me ayuda a descubrir como quiero vivirla, lo que de verdad me importa. Ya no me preocupa morir y dejar a mis hijos, me ocupa trasmitirles lo que he descubierto, seguir aprendiendo con ellos. Y, se me ocurre que éste sea el secreto de la vida, aprender. ¿En qué cuerpo?: es lo de menos…, ¿en cuanto tiempo?: no importa, el tiempo no existe.
Dicen que la primera impresión es la que cuenta. Yo creo que no, una cosa es la intuición y otra la impresión. Que duda cabe que para mirar algo primero hay que verlo, “darse cuenta”.
El acto de mirar es muy parecido al acto de escuchar, dejamos que aquello observado nos hable, se manifieste en toda su extensión. Si no escuchamos, nos podemos perder su mensaje…
Como siempre, nosotros somos libres de decidir a qué nivel de profundidad vivir, quedarnos en la superficie de las cosas, las primeras impresiones o pasar a lo esencial.
Cuando me casé, empecé a tener hijos y dejé de trabajar fuera de casa. Mi vida cambió 360º, de la noche a la mañana me convertí en ama de casa, mamá y esposa. Poco a poco, aprendí a gestionar mis nuevas tareas y pude encontrar el tiempo para dedicarme a muchos hobbies que tenía pendientes. En aquella época, huía de todo aquello que pudiera sonar a cambio. Tenía la sensación de que si el cambio tendría que venir lo haría, la vida me avisaría. Así fue.
Habían pasado ocho años. Era una tarde de domingo cualquiera. Salí con mis hijos a buscar una película. Estaba lloviendo, así que corrimos al salir del coche. Dos metros antes de llegar al establecimiento me resbalé y caí. Me fracturé el coxis. El aviso acababa de llegar, el recreo había terminado. Durante dos meses tuve que estar en reposo, tiempo en el que intenté descubrir a qué podría dedicarme, qué me estaba tratando de decir la vida. Curiosamente, mientras tanto, también me dediqué a estudiar Feng Shui. Hacía ya unos diez años que había descubierto esta técnica y siempre que viajaba y tenía oportunidad me compraba un libro. Algunos, los había dejado por su complejidad en espera de tener el tiempo suficiente para profundizar y entenderlos, ahora lo tenía.
Con el tiempo me recuperé de la lesión y empecé a dedicarme al Feng Shui de manera profesional. De vez en cuando, el coxis me dolía, especialmente cuando iba a cambiar el tiempo, o eso creía yo…
Tenía el teléfono de Vanesa Saavedra en mi móvil guardado desde hacía más de tres años. Me lo había dado una amiga mía, era clienta de ella y la gustaba tanto su trabajo que de vez en cuando me insistía en que la llamara. Os podéis imaginar que en esta época la insistencia fue en aumento. Ahora, si la llamé, el cambio ya no era un problema para mí, había llegado y cualquier ayuda era bienvenida.
Vanesa me explicó su trabajo, como a través del cuerpo podía conocerme mejor, aprender a interpretar esos mensajes que yo intuía que la vida me daba. Y, lo que me pareció más interesante, asegurarme que mi cuerpo no me limitaría, sino que me apoyase en la consecución de mis sueños, de mis objetivos en la vida. Acabó diciéndome, es como el Feng Shui aplicado al cuerpo. Desde entonces trabajo mi cuerpo con la guía de Vanesa.
Entiendo cada nuevo proyecto, cada nuevo objetivo como una nueva melodía a tocar. Lo comento con Vanesa, cual es la melodía, como me gustaría que sonase y ella me guía en como afinar mi instrumento y como mantenerlo. Lo cierto es que durante todo este tiempo de trabajo había un asunto que salía de forma recurrente, el dolor de coxis. Con su ayuda descubrí que no tenía nada que ver con el cambio de tiempo meteorológico, sino con mi miedo a no ser capaz de conseguir lo que me proponía. Así, cuando el coxis me llamaba la atención empecé a hablar con él y decirle con determinación, sé que tengo miedo pero soy capaz de conseguirlo. Ya no recuerdo cuando fue la última vez que tome ibuprofeno para este dolor.
Son muchas las anécdotas que os podría contar de mi trabajo con Vanesa durante estos años, esta de hoy es una de ellas. Además, estoy segura que son mucho mejores las que podríais contar cada uno de vosotros sobre vuestro cuerpo. Por eso, os invito a la Conferencia que Vanesa dará en Espacio OCTOeste próximo jueves, podéis ver la información pulsando aquí.
Actualmente somos muchos los que nos hemos involucrado en el camino espiritual. No sé sabe muy bien cuáles son las razones que hacen que unos empiecen a recorrer este camino y otros no, se trata de una decisión personal, que se toma en nuestra profundidad. Normalmente viene acompañada de algún suceso trágico para nosotros, de insatisfacción generalizada y cada vez más de una simple y gran inquietud.
En cualquier caso el camino ofrece en un principio grandes liberaciones, grandes expectativas. Solemos notar una gran liberación a la vez que empezamos a ampliar nuestra perspectiva, lo que sin duda conlleva inmediatamente una mejora en el bienestar personal. Pero este es un camino que no acaba nunca y, aunque ofrece grandes mejoras, siempre es a través de grandes aceptaciones, que hay que atreverse a mirar y traspasar.
En mi caso personal, tenía la sensación de que esta inquietud de alguna manera había nacido conmigo, siempre tuve una gran curiosidad por entender la vida. Y, si me fijo, veo que en la actualidad el camino espiritual está inmerso en todos los ámbitos, personal y profesional… Sin embargo, me quedó atónita ante los acontecimientos de los últimos días y, me descubro intentando trampear al destino, a la realidad.
Hace seis meses me cambié de casa. Os podéis imaginar la dificultad que podía suponer para mí elegir una casa sabiendo Feng Shui, la casa perfecta no existe… Decidí utilizar mi intuición y aceptar el mensaje, el reto que la vida me ofreciese. La encontré y, efectivamente no sé si la hubiese aceptado sin esta actitud. Pero, otro día hablaremos de mi casa. Hoy solo os quiero comentar un detalle que está directamente relacionado con mi situación actual.
Al llegar a decorar mi habitación me doy cuenta de los retos que me plantea, en una pared el armario empotrado, en otra una ventana. Me quedan dos paredes para colocar la cama. La natural en la que se han dejado enchufes e interruptores de luz, mi dirección de “pérdida” y, los pies de la cama mirando a la puerta. La otra opción, una buena dirección para mí, pero sin lógica en la decoración. Yo, que a veces me paso no sé si de atrevida o de lista, decido dormir en mi dirección de “pérdida” y, me convenzo de que estoy haciendo una prueba, hay que investigar lo que se dice y se escribe… Pues se acabó la investigación, resultado tumor cancerígeno. Por supuesto, he cambiado la posición de mi cama y, curiosamente, la habitación ha quedado más acogedora, ahora no puedo poner mesitas de noche a los lados de la cama (lo cierto es que nunca las usé) pero me ha quedado un rincón libre bastante amplio que he decorado como a mí me gusta, por fin tengo mi rincón de meditación en mi propia casa, algo que siempre quise.
Lo reconozco, ¡como a mí que soy maestra de Feng Shui me va a afectar una orientación!. No, no se trata de que te afecte o no, se trata de un aviso, de un mensaje que no quisiste escuchar. Lo mismo que hice con las consecuencias físicas evidentes que me estaban sucediendo… todas mis amigas diciéndome, yo iría al médico. Pues yo no, porque no estoy enferma, todo forma parte de mi proceso… (yo cuando me pongo soy muy, pero que muy inconsciente).
Como estos, hubo muchos otros mensajes que no escuché, hoy los veo. Una de las grandes características de mi programa es “ocultar”. Aunque funciona en cualquier ámbito, en ese momento lo empezaba a descubrir, ahora veo que era otro mensaje. En este fue claro, si no vas al médico y no te dicen que tienes cáncer, no lo tienes… Es más, fuí un par de veces a urgencias y no me vieron nada, por supuesto se lo hicé saber a todas mis amigas.
Creí que tenía acumulación de tickets espirituales, como esos que te dan en el super y vas canjeando por regalos. Estoy estudiando en la Escuela de Desarrollo Transpersonal, en donde nos dedicamos a autodescubrirnos a nosotros mismos como paso previo para guiar a otros en sus procesos, mis resistencias tampoco las ví. Entonces, mi casa me avisa, ya sabe la vida que es una buena manera, me dedico a ello, ni lo huelo. Los últimos libros que he leído, por ejemplo El Silencio, empiezo a leerlo, una chica que medita y tiene cáncer, antes de acabarlo se lo dejo a una amiga, creo que lo necesita más que yo… (mi amiga no tiene cáncer, yo si).
Pero hay más, el médico me habla de su diagnóstico y solo me faltó sacar la cartera y buscar uno de esos tickets… Este no sabe lo que dice, yo, yo que medito, me busco… (jajaja y no me encuentro…). Me receta mil pruebas para la semana siguiente y, yo sigo pensando en mis tickets, va a alucinar cuando vea que no hay nada, comienza mi carrera por todas las técnicas que conozco que me puedan liberar de esta situación…
Llegan los resultados, empiezo a leer el informe y es tal el bofetón que no puedo acabarlo. Maru, no nos queda otra que aceptar. No hay tickets de cambio, pero hay un conocimiento y una experiencia que poner en práctica y que me guiará. Mi cuerpo está hablando, me callo y empiezo a escuchar. Y, de repente sucede, es mucho lo que teniamos que hablar… Gracias a la vida que me da tantas oportunidades y avisos. Ahora veo el camino, he de cambiar el rumbo de mi fuerza (lo burra que puedo ser) y de mi energía hacía donde se ve y se escucha, donde se crece y se sana.
Paradojas de la vida, el camino espiritual es mucho más que un simple ticket, es el viaje completo al despertar.
La raza humana, lejos de extinguirse, cada día es más numerosa en el Planeta Tierra. Aún tratándose de una raza eminentemente social, el sentimiento de soledad del ser humano aumenta. Hemos vivido la mayor revolución tecnológica en las comunicaciones. Sin embargo, cada vez nos resulta más difícil comunicarnos…
Quizá nos hemos acostumbrado a utilizar algún tipo de instrumento (teléfono, ordenador…) tras el cual escudarnos y evitar así la comunicación cara a cara, en la distancia corta. Teniendo en cuenta que lo más importante en comunicación es lo que no se dice, parece que nos perdemos lo más interesante.
He encontrado este video que refleja muy bien y con mucho sentido del humor nuestras carencias actuales:
Desde el punto de vista de Feng Shui me ha llamado la atención la casa del protagonista, las paredes vacías, ni un cuadro, ni una imagen. No hay comunicación con el entorno inmediato, quizá por ello tampoco con las personas cercanas. Es curioso, cuando empieza la relación y según ésta se va desarrollando cómo el protagonista toma partido en la decoración de su casa, aunque sea en la nevera… Y, así se refuerza en su anhelo de establecer mayor contacto con la chica, aunque sea de manera inconsciente.
Pero, en este caso, el orden de factores si altera el producto. Al revés funcionaría aún más. La diferencia radica en que lo haríamos de una forma consciente, lo cual es doblemente poderoso. Podemos reforzar nuestros anhelos y motivarnos en el camino a conseguirlos a través de mensajes en el espacio que habitamos.
En ambos casos, aparecerán nuestros retos a superar. Todo anhelo suele llegar acompañado de uno o varios retos. Descubrirlos y reflejarlos en el entorno también ayuda a superarlos. ¿Por qué nos dará tanto miedo acercarnos a alguien? ¿Y si me rechaza…? ¿Y, si no me acerco que dejo de vivir, qué experiencia me perderé…?
“Lo importante es la acción, no es el resultado de la acción.
Debes hacer lo correcto, tal vez no esté dentro de tu capacidad,
tal vez no esté dentro de tu tiempo que haya algún resultado.”
Gandhi
Si nosotros no somos capaces de valorar nuestras acciones, buscamos el reconocimiento en los demás. Cuando así lo hacemos, implícitamente estamos reconociendo el valor de la opinión de otros, que quizá tampoco sepan reconocerse a sí mismos, por lo que difícilmente podrán valorarnos a nosotros.
Me recuerda a la historia de la Madre Teresa. Estaba tan convencida de lo que quería hacer y de cómo hacerlo, que se enfrentó a su congragación, que no sólo no reconocía su labor, sino que no la aprobaba e intentó en más de una ocasión frenarla enfrentándola a Roma. Fue su convencimiento personal, el valor que ella supo dar a sus acciones, lo que la llevó a conseguir que no sólo no la excomulgaran, sino que finalmente la permitieran crear una nueva congregación.
El reconocimiento social y la fama vinieron después, como consecuencia de su labor, aunque esto no fuera importante para ella porque sabía que no cambiaba en absoluto su valor, su entrega. Entonces parece que lo importante es el valor que nosotros damos a nuestras acciones: ¿cómo queremos actuar?
“Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla
mientras el género humano no escucha”
Víctor Hugo
Estamos viviendo un periodo crucial. Los científicos nos dicen que solo tenemos 10 años para cambiar nuestros modos de vida, para evitar que se agoten los recursos naturales e impedir una evolución catastrófica del clima de la Tierra.
Cada uno de nosotros debe participar en el esfuerzo colectivo. Para sensibilizar al mayor número de personas realizé la película HOME.
Para que esta película sea difundida lo más ampliamente posible, tenía que ser gratuita. Un mecenas, el grupo PPR, permitió que lo sea. Europacorp que lo distribuye, se comprometió en no tener ningún beneficio porque HOME no tiene ningún interés comercial.
Me gustaría que esta película se convierta en vuestra pelicula. Compártelo. Y actúa.
Yann Arthus-Bertrand
(Hay que pulsar varias veces para que funcione el video…)
En el conocimiento del entorno, de su propio orden natural hay muchas metáforas que nos sirven de ejemplo para aprender a vivir en la Tierra. Quizá por ello, la técnica de Feng Shui tomó su nombre, viento y agua, haciendo relación a los dos principales medios de transporte y comunicación utilizados por la naturaleza. Aún en la actualidad, la gran mayoría de la población mundial vive en lugares costeros o húmedos. El hombre se asienta en sitios en los que se mezcla la tierra, lo orgánico y el agua, para asegurarse la caza, la pesca y la agricultura. Como dicen en la película, no se conquista el mundo con el estómago vacío…
La situación del Planeta es complicada, pero cada uno de nosotros podemos actuar para mejorarla.
En la película “Cómo cocinar tu vida”, Edward Brown, cuenta su experiencia:
”Cuando era joven quería ser famoso, amado e incluso venerado.
Me hice cocinero y a la gente parecía gustarle especialmente mi comida. Sin embargo, este aprecio no se transfería a mi persona. Decían que era arrogante, mandón, malhumorado y sabelotodo.
Aunque me llevó un tiempo, llegó el momento en que pude reconocer que necesitaba reflexionar sobre mi forma de trabajar y mi manera de ser.
A lo largo de los años, cuando preguntaba a otros cocineros cual era la parte más difícil de su trabajo, casi invariablemente respondían:
- La gente, tener que trabajar con otras personas, tener que trabajar contigo mismo. La comida se cuida sola…”
Esta reflexión me ha recordado la cantidad de veces que he buscado mis propios valores en el exterior. Ocasiones en las que he creído que el “hacer” podría suplir el “ser”. Quizá se trate de la fórmuladel complacienteque aprendí en la infancia, “comete toda la cena como una buena niña”, “no molestes, se buena”. Y, ahora me pregunto si mi bondad tendría algo que ver con no molestar en un momento dado al adulto de turno, al mismo que también me explicaba “que quien bien te quiere, te hará llorar…”
Se me ocurre que quizá la solución esté en ser yo misma, en hacer las cosas como las siento. No dudo que la comida de Edward fuera buena, pero estoy segura que cuando aprendió a cocinar sin malhumor fue mucho mejor. Ya sabemos que lo creado es de la misma energía del creador.
En definitiva, trabajar por ser como quiero ser reconocida. El reconocimiento de los demás vendrá después, será una consecuencia, que en todo caso, siempre estará sujeta a la interpretación del otro.
Han sido varios los artículos escritos en este blog haciendo referencia al miedo, desde hace dos años. Es curioso como funciona la ley de la sincronicidad, no era una casualidad, el miedo era uno de mis temas a afrontar, una de mis grandes sombras pendientes de abrazar.
En casa de mis padres todavía se conservan en el salón mis fotos con un gato, montada a caballo, esquiando… Mi aprendizaje sobre el miedo comienza en la infancia entorno a los deportes y a los animales. Mi casa era un buen escenario, convivíamos con todo tipo de animales. Aunque la raza felina era la que se llevaba la palma, un gato en el jardín era suficiente para que no saliera de casa, llegó un momento que no me atrevía ni a ahuyentarlo.
Asimismo, una de las prioridades de mis padres era inculcarnos el amor por el deporte. Por ello, llegué a dedicarme a algunos deportes con bastante intensidad, lo que hizo que mis amistades también estuvieran en ese entorno y no quisiera abandonarlo. No obstante, vivía la práctica del deporte como una autentica pesadilla, era el caldo de cultivo que hacía a mi miedo aparecer.
Así me gané en mi entorno la etiqueta de miedosa. Hacía tantos años que la llevaba puesta que me identifiqué plenamente con ella. Ya adulta, la extendí desde el mundo animal y deportivo a otras áreas de mi vida. Pero, llegó un momento que sus límites parecían ahogarme, hasta que por fin, ahondando en conocerme, descubrí que ese miedo había surgido como un aliado. Especialmente en los momentos que ha sido tan intenso que ha conseguido paralizarme. Gracias al pánico que he llegado a sentir se ha despertado un resorte que estaba en mi interior, mi valentía, lo único que ha sido capaz de sacarme de esas situaciones. Es decir, gracias al miedo he conocido el poder de mi valentía.
Hasta que un día, realizaba un profundo ejercicio de autodescubrimiento y aceptación de las sombras. Me emocioné pensando que ya había llegado al origen, pero el ejercicio continuaba. Llegué a sentir el miedo a la muerte, conseguí traspasarlo. Entonces, me encontré con el mayor miedo que jamás hubiera sospechado, el miedo a mi misma. Miedo a lo que opino de mi, miedo a mi propia crítica, miedo a perderme en el otro, miedo a volverme a dormir durante años guiándome por lo “establecido” o lo supuestamente “correcto”, miedo a no permitirme ser yo misma. Ese es el origen de mi miedo, un sentimiento aterrador, porque acaba con mis excusas del exterior. Me enfrenta a la realidad, si no soy yo misma es porque yo no lo permito, nadie más tiene ese poder, esa capacidad de hacerlo posible. Todo está en mí, ambas conviven, la que quiere ser ella misma y el juez implacable que me puede boicotear.
Recordé que en el blog había publicado la experiencia de Donald Walsch, volví a verla “la respuesta correcta siempre es el amor: ¿qué haría el amor ante esta situación?”. Además, este planteamiento coincidía con lo que proponían los egipcios en el Templo de Osiris, el camino del miedo al amor. Todo ello me reconfortó, sentí que había encontrado un camino. Pensé en cómo podría ayudarme a traspasar este nuevo reto y puse en practica lo que el Feng Shui me ha enseñado. En la esquina Noroeste de mi despacho, donde se representa el liderazgo, decidí escribir un mensaje claro, directo y conciso a mi inconsciente, ”SOY CAPAZ”. Cuantas veces lo he leído y que bien me he sentido.
Así, llega mi reconciliación con mi miedo, empiezo por el mundo animal y deportivo, los instrumentos que yo misma elegí desde la infancia para facilitarme este aprendizaje. Por primera vez en mi vida, este invierno pude disfrutar de la práctica del esquí sin sentir miedo, afrontando mi miedo a la muerte. Pude coger un gato en brazos en lugar de cruzar de acera porque había uno, aceptando el miedo a ser libre e incontrolable para mi mente. Pequeños grandes detalles que me ayudan a “resetear” mis creencias, a darme cuenta de que no necesito llegar a situaciones límite para saber que puedo salir de ellas. Ahora, poco a poco, lo voy trasladando a otras áreas de mi vida.
Todo mi respeto y agradecimiento a mi miedo, ahora sé que cuando apareces tienes algo importante que contarme. Lo descubrí cuando deje de preguntarme por qué y empecé a preguntarme para qué estabas ahí. Gracias por iniciarme y prepararme para un nuevo camino a recorrer, el camino del amor.
La técnica de Feng Shui es la gran especialista del análisis del entorno físico. Personalmente, uno de los aspectos que más me fascinan de esta técnica es su aplicación como apoyo a una comunicación efectiva. Cuestión que ha sido aborda en este libro con profundidad. Así, aplicar los consejos expuestos en el interior a la caratula del libro parece tener todo el sentido. Y, este es el reto que el departamento creativo de la editorial aceptó y resolvió con gran acierto.
Lo fácil hubiera sido diseñar una cubierta decorada con monedas chinas, bambú… objetos que rápidamente enlazamos con la cultura oriental. Sin embargo, en el libro se describe la aplicación de la técnica de Feng Shui, de origen oriental, desde una perspectiva occidental. De ahí, que nos pareció más oportuno buscar una imagen que de alguna manera aunara ambas culturas, como símbolo de la posible integración de las mismas.
Lo encontramos en esta obra de Miquel Barber, quien gentilmente nos cedió la imagen. Se trata de un lienzo, se titula “Placer Congénito”, sugerente… A mí me recuerda al infinito, a las infinitas posibilidades y oportunidades que la técnica de Feng Shui nos plantea, que no deja de ser un reflejo de las que la vida nos ofrece.
En realidad, un libro no es Feng Shui, ni bueno ni malo, simplemente porque no es objetivo de estudio de esta técnica. Sin embargo, es sorprendente comprobar que las recomendaciones de un experto de la publicidad como es Luis Bassat, en “El libro rojo de la publicidad”, sobre el diseño están intimamente relacionadas con el orden del espacio que la técnica Feng Shui nos revela.
Atención a esta palabra. Ésta es la mayor decepción jamás inventada por el ser humano: “Encontrarás…”
No ahora, sino en algún momento en el futuro…
No aquí sino en algún otro lugar.
Y todas las llamadas “religiones” han utilizado este artificio decepcionante. Prometen. Dicen: “Encontrarás todo lo que quieres, pero no ahora… mañana”.
Y el mañana nunca llega; por su misma naturaleza no puede llegar. Siempre es ahora y, ahora y ahora. Dondequiera que vayas a estar, será aquí y ahora.
Y la promesa es: “Encontrarás”.
La promesa es muy ingeniosa. Eso es lo que han hecho todas las religiones. “En el cielo encontrarás paz, descanso, felicidad”.
Llegarás algún día pero no ahora.
Y si quieres llegar allí, sacrifica la felicidad del día presente por eso. “Se tiene que pagar un precio”, dicen. “Y el precio es el siguiente: sacrifica, sacrifica tu presente por el futuro. Sacrifica lo real por lo imaginario. Sacrifica la vida por lo que viene después de la muerte”.
Y ellos han convencido a la humanidad, y casi todos han sacrificado sus vidas. Nadie regresa del paraíso para contar lo que sucede.
Osho- El Sendero del Tao
¿… y si resulta que se puede encontrar aquí y ahora?, ¿qué perdería por intentarlo?, ¿qué ganaría si lo encontrase…?
Se me ocurre que quizá para encontrar no sea necesario sacrificar, sino simplemente buscar. Estar dispuesto a encontrar y a afrontar los cambios que ello podría ocasionar… me.
El lunes me llamaron del programa de radio Bueno es saberlo, conducido por Valle Higueras, para hablar de cómo organizar nuestro lugar de trabajo a través de la aplicación de la técnica de Feng Shui en la empresa. Os facilito un enlace para oir la entrevista, Entrevista en la COPE
En cada paso que damos es donde se encuentra la salsa de la vida. Hoy es el primer día del resto de nuestra vida, estrenemos el camino que paso a paso vamos creando, como decía Machado, “caminante no hay camino, se hace camino al andar…”
En este artículo se puede escuchar la canción cantanda por Serrat, pulsando aquí
Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre el mar.
Nunca perseguí la gloria,
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles,
como pompas de jabón.
Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse…
Nunca perseguí la gloria.
Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar…
Hace algún tiempo en ese lugar
donde hoy los bosques se visten de espinos
se oyó la voz de un poeta gritar
“Caminante no hay camino,
se hace camino al andar…”
Golpe a golpe, verso a verso…
Murió el poeta lejos del hogar.
Le cubre el polvo de un país vecino.
Al alejarse le vieron llorar.
“Caminante no hay camino,
se hace camino al andar…”
Golpe a golpe, verso a verso…
Cuando el jilguero no puede cantar.
Cuando el poeta es un peregrino,
cuando de nada nos sirve rezar.
“Caminante no hay camino,
se hace camino al andar…”
Golpe a golpe, verso a verso.
Todo un camino por delante, todo un camino que crear, todo un camino a estrenar… cómo queramos que sea el camino, así será.
Hasta qué punto influye el entorno, el espacio en el que llevamos a cabo nuestra labor en nuestro éxito profesional. Esta fue la cuestión que el año pasado se plantearon en el famoso diario The Washington Post y decidieron contestarla a través de un experimento. Para ello, se les ocurrió invitar a un músico de reconocido prestigio a que cambiase los auditorios y teatros musicales por una estación de metro. Así, contaron con la participación de Joshua Bell, uno de los violinistas más reconocidos mundialmente, un niño prodigio de la música que empezó a tocar a los cuatro año y es ganador de varios premios, entre ellos podríamos destacar, por lo inusual en este tipo de músicos, un Grammy. El otro protagonista fue una estación céntrica del metro de Washington en hora punta.
Cuando Joshua Bell toca su violín en algún auditorio se cuelgan los carteles de “completo”, se ha llegado a pagar más de 1.000 dólares por la entrada. Cada vez que acaba una pieza el silencio de los espectadores se rompe con grandes aplausos y al día siguiente su interpretación es comentada en la mayoría de los periódicos de la zona. Con estas premisas se supuso que la música del violín de Bell paralizaría a los usuarios de metro, que se quedarían atónitos escuchando a este nuevo portento de la música callejera.
Sin embargo, nada de esto sucedió. Joshua Bell se vistió a propósito para la ocasión, cambiando su habitual traje de chaqueta por ropa más deportiva, aunqueacompañado de su viejo Stradivarius (cuyo valor estimado es de más de 3 millones de dólares). Puso todo su empeño en tocar piezas maestras durante 43 minutos, la reacción general fue de total indiferencia. De 1.070 personas que pasaron por delante de él, solo 27 personas le dieron dinero (un total de 32 dólares), siete se quedaron a escuchar y a observar más de un minuto. Nadie aplaudió, parece que este hecho es el que más ha llamado la atención al músico.
Podemos aludir a numerosas razones para explicar lo sucedido, que vamos con mucha prisa, que estamos sumidos en nuestro propio mundo y no somos conscientes de lo que sucede a nuestro alrededor… Pero reconozcámoslo, todos de alguna manera confiamos en el entorno, porque el entorno nos habla, entendemos que alguien que toca en un Auditorio famoso es obligatoriamente un buen músico y alguien que toca en el metro no lo es. De la misma manera que pensamos que un médico que trabaja en un hospital de prestigio ha de ser un buen profesional y el médico de un ambulatorio no tanto. O un abogado que tiene el despacho en una zona céntrica y de alto standing se le presupone un éxito en su profesión que a otro en una zona más corriente no se le presupondrán.
El arte es una de las piezas claves en la puesta en práctica de la técnica Feng Shui, nos ayuda a representar nuestras aspiraciones y anhelos. El arte es el mejor representante de las dos dimensiones de la energía. La energía tangible a través del óleo, los colores, el dibujo. La energía intangible, la más importante porque es la que guarda el tesoro de nuestro mensaje, los sentimientos y sensaciones íntimos que afloran al contemplar la obra.
El arte es un instrumento de comunicación, y como ésta, necesita llenarse de contenido para transmitir. La obra de esta autora, Dora Gil, ha nacido desde el alma porque se comunica con ella directamente. Sus creaciones actúan como mensajeros silenciosos, son una oportunidad para dar paso a la serenidad, la armonía y la paz.
La temática de su obra se centra en los valores internos del ser humano y en su relación con la Naturaleza. Su pincel nos refleja un mundo que todos compartimos y del que todos tenemos una referencia, un reflejo interior, que resuena, que se despierta, que aflora al contemplar su obra, tal como se pone de manifiesto en estas fotografías.
Os aseguro que hacer una selección de su obra para este artículo me ha costado, hubiera traído todos sus oleos y acuarelas. Por ello, os invito a que visitéis su página y disfrutéis de ella, pinchando aquí.
“Todos los radios de la rueda llegan al centro”
Lao Tse
Las diferentes Escuelas de Feng Shui que han existido a lo largo de la historia son el reflejo de la evolución de la técnica, de la ampliación de las áreas de estudio y de nuevos conceptos a tener en cuenta. Se trata de uno de los temas que mayor confusión parece crear a los que se acercan a la técnica y quieren empezar a profundizar, así que voy a intentar aclararlo.
La gran mayoría de las culturas antiguas han dado mucha importancia a sus muertos, puede que el temor a lo desconocido y su posible influencia, les hiciera creer en la necesidad de cuidarles, de ahí la tradición todavía existente de cuidar sus tumbas y adornarlas con flores. La cultura china no era diferente en este sentido, honrar a los antepasados no era considerado algo baladí, de ahí, que surgiera toda una técnica que designase cual era el mejor lugar y la mejor orientación para el reposo eterno. Este es el origen del Feng Shui, que hoy es conocido como el Feng Shui Yin y, que muy pocos maestros practican en la actualidad.
El Feng Shui que se practica actualmente es conocido como Feng Shui Yang(o Feng Shui de los vivos) que nació con el nombre de Kan Yu, cuya traducción sería tiempo y geografía. Y, aquí es donde nos encontramos con la primera división en la técnica:
La Escuela de las Formas,
Fue creada por el Maestro Yang Yun-Song y realmente fue una escisión de la técnica Feng Shui, surgió tratando de simplificarla para que pudiera ser utilizada por el público en general. Se basa en el simbolismo geográfico, lo que en ambientes más técnicos es conocido como el “simbolismo de los cuatro animales celestiales”. Esta especialidad se sigue utilizando, es la formula más practicada para decidir donde construir un edificio dentro de una parcela, por ejemplo.
La Escuela de la Brújula,
Esta Escuela es la que aporta el conocimiento técnico básico para realizar el análisis de interior de los espacios, a través de dos formulas, Las Ocho Aspiraciones y Las Ocho Mansiones, que estudian las energías, tangibles e intangibles.
Esta escuela suele aparecer en los libros con diversos nombres, Compass School, Qi Distribution School, Eight Wandering Stars.
Además de estas dos escuelas y como consecuencia del conocimiento que ambas aportan, surgen otras dos escuelas o formulas avanzadas de Feng Shui, conocidas como “La formula de las Estrellas Voladoras” y “Las formulas de agua”. Para profundizar en estas dos formulas, es necesario tener conocimiento de las dos escuelas de Feng Shui mencionadas anteriormente.
La formula o Escuela de las Estrellas Voladoras
Esta formula introduce el análisis del comportamiento de la energía en un periodo de tiempo determinado. Master Jiang Da Hong es uno de sus máximos representantes, esta formula suele aparecer con los siguientes nombres “Xuan Kong Feng Shui School” o “Flying Star School”.
Las formulas de agua,
El agua es el elemento más complicado de utilizar desde la perspectiva técnica y profesional de Feng Shui, porque es el de mayor repercusión. Especialmente, cuando es colocado o simplemente forma parte del entorno en forma activa (yang, en movimiento), sus efectos suelen ser notorios e inmediatos, en ambos sentidos (favorable o desfavorable). De ahí, que a algunos maestros, como a Lillian Too, les guste dedicar un apartado especial al uso de este elemento y, lo hacen teniendo en cuenta todas y cada una de las Escuelas descritas anteriormente.
El conocimiento de todas estas escuelas, es lo que conforma el conocimiento de la técnica denominada Feng Shui, para aquellos aficionados a poner nombres a todo, al conocimiento integro también se le conoce como Time-Space School of Feng Shui.
Asimismo, comentar que existe una Escuela de origen occidental, “Black Hat Feng Shui”, que también surge con el objetivo de simplificar la puesta en marcha de la técnica. Se trata de la única escuela de Feng Shui que no utiliza la brújula como instrumento de trabajo, según este enfoque la localización según las orientaciones no es importante, ni siquiera es tenida en cuenta. Por esta razón, es muy habitual que se haga referencia a ésta como Escuela de la Forma, pero como vimos anteriormente no es la misma escuela, es decir, se trata de una confusión entre ambas. Sin embargo, esta escuela está más próxima al llamado Feng Shui Taoista, quizá la manera más intuitiva de llevarlo a la práctica.
En mi opinión la traducción del término “escuelas” es lo que ha creado la confusión existente, en nuestro idioma creo que hubiera sido más acertado traducirlo como “especialidades” o “formulas”. Realmente, todas las formulas son necesarias para llevar a cabo el análisis completo de Feng Shui en un espacio, cada una se aplica con un objetivo determinado. Yo dejaría el término escuela para el lugar en el que se ha estudiado la técnica o el maestro del que se aprendió, por ejemplo, yo pertenecería a la Escuela de Lillian Too, donde aprendí a practicar todas las formulas.
Que el entorno nos influye es un hecho demostrable, tanto el exterior, la geografía o la climatología por ejemplo, como desde el interior, a través de la distribución y la decoración.
Me acuerdo de un proyecto de Feng Shui que realice en una vivienda en la que cada hijo tenía su propia habitación individual y en cada una de ellas había una televisión, máquinas de juego y ordenador. La madre se quejaba de la poca vida familiar que realizaban…
Hoy en día es habitual que los hijos tengan su propia habitación, podemos decidir si es compartida o no con otros hermanos dependiendo de nuestro objetivo a alcanzar, así como la incorporación de ciertos elementos provocará la forma en que la utilicen y el tiempo que permanezcan en ella. Es decir, el entorno nos influye, de la misma manera que nosotros podemos influir en él, solo depende de nosotros que lo haga de forma favorable o desfavorable en el camino a conseguir nuestros objetivos.
Todos tenemos nuestras casas o lugares de trabajo decorados. Antes de conocer o aplicar la técnica de Feng Shui realizamos dicha decoración con mayor o menor conciencia en la elección de materiales, colores, texturas, distribución y objetos.
Una vez que tomamos contacto con la técnica de Feng Shui, la decoración se torna consciente, elegiremos todos los aspectos de la misma asegurándonos que nos apoyen en nuestros propósitos,en la realización de la actividad que queramos llevar a cabo en el espacio concreto a decorar.
La única manera que se me ocurre para reflejar nuestros propósitos de manera consciente es tomar conciencia de lo que realmente queremos realizar o conseguir, entiendo que para obtener la respuesta tendremos que viajar a nuestro interior.
El Feng Shui es un gran instrumento que nos ayuda a reflejar nuestros anhelos y hacer que el entorno se convierta en un elemento motivador.Si a ello le añadimos la técnica de coaching y la de desarrollo transpersonal obtendremos una magnifica guía de viaje, a mi me gusta llamarlo “Coching Aspiracional”.
“Ábrete al milagro. El que no cree en milagros no es realista.”
David-Ben-Gurión
Queridos Reyes Magos,
Aquí estoy de nuevo fiel y llena de ilusión ante vuestra eminente llegada. Este año me encuentro con un nuevo aliciente para festejar vuestra bienvenida, estoy rodeada de niños que acaban de descubrir que no compráis regalos, a partir de ahora empezarán a comprobar que lo vuestro es pura magia. ¿Para qué pedir a unos magos un regalo que se puede comprar?
Les he contado mis peticiones de otros años y lo emocionante que ha sido siempre recibirlos. Por fin este año podré compartir con ellos mi ilusión hacía vuestra magia así que estoy preparando una tarde de Reyes especial (para recibir un regalo mágico nada mejor que pedirlo de una forma mágica…)
En las últimas semanas, haciendo limpieza del 2008 para entrar en el nuevo año, tuve la sensación de que estaba cerrando un ciclo, parece como si haber cumplido los 40 este año hubiera sido más que un símbolo. Así que este nuevo año me planteo un gran reto aprender a ser la que soy y además aprovechar para reinventarme.
No seré yo quien se limite, no quiero tener ninguna idea preconcebida de lo que puedo llegar a ser, por ello mi petición se basará en los tres ingredientes que creo que me ayudarán a desarrollar mi reto: ampliar mi lucidez, abrirme al amor que soy y reconciliarme con mi sentido del humor.
Entiendo que por lo peculiar del regalo lo iré descubriendo según sea capaz de incorporarlo en mi vida, por ello practicaré Feng Shui. He elegido como símbolo un camello que colocaré en el salón de casa para que me recuerde y ayude a aceptar las dosis de estos tres ingredientes según los vaya integrando a lo largo del año.
Os deseo un buen viaje y que vuestra magia inunde nuestro planeta.
Así que me gustaría dar la bienvenida al 2009 dedicándome esta preciosa canción de Amaia Montero, e invitaros a que hagais lo mismo.
… quiero cantar, quiero contar, quiero escribir y leer, quiero amar y ser amada, quiero ser valiente, quiero ser honesta, quiero aprender, quiero compartir, quiero ver y quiero mirar, quiero escuchar, quiero disfrutar, quiero reir, quiero jugar, quiero viajar, quiero caminar, correr y saltar, quiero acompañar, quiero ser amiga, madre, hija, tia y sobrina …, quiero bailar, quiero navegar, quiero confiar… ¡QUIERO VIVIR!, ¡QUIERO SER LA QUE SOY!