Prólogo del libro “Feng Shui en la vida”

9,enero 2010

 

“Parece claro que el principal Feng Shui que uno realiza en su vida tiene lugar dentro de su propia persona.”

José María Doria

Como ya sabeis, la técnica de Feng Shui tiene mucho que ver con el poder del lenguaje simbólico y, a mí me apasiona. De ahí, que en mis libros trate de contar con aquellas personas que han tenido algo que ver en el proceso. En esta ocasión, hemos tenido el privilegio de contar con el prólogo de mi maestro José María Doria, os dejo disfrutarlo:

“Cuando en México en los años 70, realicé mi primera práctica de meditación Zen, un personaje de voz grave y aspecto de maestro, pronunció varias veces una palabra que durante más de 30 años no he cesado de explorar.

Aquella voz que surgía de su poderosa garganta, rompiendo el silencio del dojo en el que respirábamos inmóviles, decía:

 vacío  …  vacío  …

Durante aquellas primeras prácticas de meditación, uno sentía que eso de “Vacío” evocaba una no agradable sensación de ausencia, y en realidad, aunque la intuición quería revelar posibilidades insospechadas, la mente ruidosa de aquel principiante en la meditación no se encontraba precisamente muy a gusto con una propuesta de vacío, tan aparentemente desértica y muerta.

Los años han ido pasando y con ellos se ha expandido la consciencia. Aquella amenaza de perder lo lleno y soltar lo que uno tiene aunque sea en la cabeza, ha dejado de amenazar a éste y a otros peregrinos de la consciencia. Aquel temor al vacío que recuerda los tiempos del Barroco (horror al vacío), han dejado paso al anhelo de espacios desde donde se manifiesta esa serenidad y paz profunda que late tras la corriente de ideas.

En realidad uno observa que el espacio vacío se hace cada día más presente para aquella mente suficientemente observada, sobre todo cuando éste aparece nítido y silencioso “entre pensamiento y pensamiento” de tantas neuronas permanentemente atestiguadas. Y sucede que conforme la capacidad de observación se hace más amplia, uno siente que el espacio vacío es precisamente el más fértil y radiante de las hondas moradas de la conciencia. Uno no tarda en sentir la certeza de que lo Nuevo tan solo brota del vacío, un vacío que se vivencia más allá de la mente pensante, el mundo del tiempo y el peso de las memorias.

Pues bien, sucedió que conforme cultivaba el silencio y observaba con mayor nitidez la caída sucesiva de las capas mentales de cebolla, también se vaciaba mi propia casa. Día a día salían furgones con cuadros, muebles y cosas acumuladas en aquella morada tan grande como apretada. De pronto, un día descubrí que los suelos vacíos y las grandes paredes blancas pacificaban la atmósfera y otorgaban al nuevo espacio la cualidad que sin duda el camino recorrido ya demandaba.

Y desde este punto de radiante vacuidad leo la obra de Maru Canales, una obra que atraviesa los pliegues más sutiles de la vida cotidiana, un tratamiento del espacio que su brillante autora señala con precisión y claridad tanto hacia el dentro como hacia el fuera de la propia persona.

El lector se encuentra ante un libro que puede abrir puertas y ventanas no solo de su propia casa, sino también hacia el sentido último de su íntima trayectoria. Y tal vez ocurra que buscando un libro de Feng Shui acerca de cómo crear espacios en donde dejar fluir la energía del cielo y de la tierra, encontrará un algo más tan sencillo como radiante, un algo más que activará intuiciones y aportará ese toque intangible que distingue a las atmósferas sagradas.

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Maru Canales

Autora del libro “Feng Shui en la vida”

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