El Buen Amor

9,septiembre 2007

 feng shui amor

… quizá no se trate de encontrar el gran amor de nuestra vida, sino simplemente un buen amor… 

Solemos desear lo que no tenemos, cuando estamos en pareja la vivimos como un mal necesario y cuando no la tenemos creemos que el remedio para nuestras inquietudes llegará al encontrar una pareja. Así, vamos de desencuentro en desencuentro, siguiendo nuestras ilusiones apasionadas que nos suelen llevar a la frustración y al dolor, aunque insistamos en echarle la culpa al destino, a la mala suerte, a los defectos de los demás… 

Como dice Sergio Sinay, “se trata de encontrar un Buen Amor, dejando de ser marionetas del azar y de la ignorancia emocional, para convertirnos en amados y amantes, por derecho propio y elección”. Para ello, para encontrar el buen amor, nos propone nueve condiciones:

  • La primera persona,

“El buen amor es posible a partir de dos que se aman en primera persona del singular”

Es impresionante el daño que nuestra cultura y educación nos ha inculcado en este sentido, no hablamos de egoísmo ni de narcisismo. Estamos hablando de aprender a querernos a nosotros mismos como punto de partida para amar al prójimo. En este sentido, es muy práctico el ejercicio que proponemos en el artículo titulado “Corazón”

  • El otro,

En el mismo momento en que tomo conciencia del “yo”, aparecen las nociones de diferencia y separación, aparece inmediatamente el “tú”.

“El buen amor es posible cuando cada uno de dos que son únicos, singulares, irremplazables e irrepetibles, en sus historias, en sus orígenes y en sus destinos pueden reconocer en el Otro la condición imprescindible de su amor y pueden presentarse ante él como Otro. Entonces el verbo amar puede conjugarse, gracias al encuentro de ambos, en la primera persona del plural.”

  • Las diferencias,

La mitología amorosa está alimentada por la creencia del “alma gemela”, la existencia de alguien igual a mí, que algún día el destino o el azar, hará que nos encontremos. Sin embargo, este concepto de alma gemela anula la noción del “yo” y del “tú”, de nuestra propia identidad y singularidad.

“Gracias a las diferencias entre los amantes, el amor se convierte en una forma de conocimiento. Si el sujeto de mi amor es mi igual, nada sabría de él ni a través de él, que no fuera lo que ya sé de mí.”

  • El misterio,

Todos tenemos una parte de nosotros mismos que no sé da a conocer, no se trata de ningún secreto, simplemente se trata de nuestra esencia y de aprender a aceptarla en nosotros mismos y en el Otro.

“Si pretendo llegar a conocer hasta el último aspecto de mi amante, abrigando la esperanza de convertirnos en uno, de tener control sobre su ser, de prever sus reacciones, de adivinar sus sentimientos, leer sus pensamientos… todo lo que le hace distinto de mí, ¿en qué me diferencio del que cree que “tú” y “yo” somos iguales?”

  • La aceptación,

“Si amo a la que eres, ¿qué me impide amarte como eres?

Si amas al que soy, ¿por qué no me amas como soy?

Si nos amamos para cambiarnos, ¿por qué no cambiamos de amado?”

La aceptación entendida como un ejercicio de desapego y desprendimiento y no como sinónimo de la tolerancia ni de la resignación. Nos aceptamos el uno al otro en nuestras diferencias, sin entrar en el círculo tóxico de las exigencias, las culpas, las disculpas, las reprimendas, los premios, los castigos, los reproches, las promesas…

  • El tiempo,

El mito del amor eterno y el del amor a primera vista se imponen a los amantes sin permitirles ser los verdaderos protagonistas de su amor. El amor que no tiene tiempo, tampoco tiene espacio. El buen amor se nutre de momentos, dedicación, estados de ánimo, disponibilidad…

  • El encuentro,

Si busco a un amante preconcebido, solo podré ver lo previsto…, veré lo que quiero ver.

“Los que se encuentran lo hacen en un único tiempo y lugar posible, no como consecuencia del azar ni de la estrategia, sino de sus propias transformaciones y aceptaciones.”

  • La responsabilidad,

Solemos confundir responsabilidad con obligación y dependencia, creemos que nuestra felicidad depende de nuestra pareja y, viceversa, así cada uno de nosotros queda condenado a suplir las carencias ajenas. La responsabilidad bien entendida me permite darme cuenta de mis emociones, de mis sentimientos, de mis pensamientos, de mis palabras y de mis acciones para hacerme cargo de ellos.

Aquí entra el concepto del compromiso, que suele derivar en toda una serie de reproches y desilusiones: uno se puede comprometer con conductas pero no con sentimientos. Debemos distinguir entonces que no somos responsables de lo que sentimos, sí lo somos de lo que hacemos con lo que sentimos.

  • La compañía,

Al contrario que las almas gemelas, se trata del encuentro de las “almas complementarias”, capaces de marchar por sí mismas, no forzadas a seguir una dirección, estas almas habitan en seres que eligen, que se eligen.

Personalmente, aderezaría esta receta del “Buen Amor” con dos ingredientes que me parecen imprescindibles: la sinceridad y el respeto. Y creo que ambos deberían añadirse en todas y cada una de las condiciones y en dos vías, hacia nosotros mismos y hacia el otro. 

Creo que estas once condiciones propuestas son realmente interesantes para ayudarnos a reflexionar sobre nuestra situación actual de pareja y aquella relación a la que nos gustaría aspirar. Es en la estancia que ocupa la zona Suroeste de nuestra vivienda en la que se representa la aspiración del compromiso y del matrimonio, según la técnica de Feng Shui.

Maru Canales

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