¿Soñamos…?

2,mayo 2007

Existe un fantástico lugar llamado Sueño, donde no hace falta llevar equipajes. Cierras los ojos y confías, allí encontraras tus anhelos, tus inquietudes, tus verdades… Le das un rato de descanso a tu mente para convertirte en tu propio observador y le dejas a tu alma que se exprese, que te cuente lo que quiere, lo que siente, lo que teme… que te enseñe quien eres…

Los prejuicios,  lo estipulado, lo adecuado… lo metemos en esa maleta que en este lugar no tiene permitida la entrada. Así volamos a encontrarnos,  nos observamos y empezamos a conocernos… hasta puede que a querernos…

Podremos soñar lo que queramos, en nuestra libertad más absoluta; una vez perdido el miedo, la timidez… ¿Pero qué pasa cuando el sueño se hace realidad, cuando abrimos los ojos y nos encontramos con nuestro sueño?

Este fin de semana Juan Manuel de Prada nos relataba en su columna Esbozo para un cuento retro un sueño de amor, había soñado tantas veces con ella que un día apareció y ¿entonces qué?:

…Y un día se produce el milagro: nuestro hombre ha asistido por compromiso a una reunión social, en la que intercambia cansinas cortesías con invitados que nada le interesan, invitados que interfieren en su pensamiento monográfico; de vez en cuando consulta el reloj, para computar los minutos que le restan antes de volver a casa, antes de cerrar los párpados.

Entonces la ve aparecer: es la mujer soñada hasta la extenuación… nuestro protagonista asalta a la mujer soñada y conversa con ella; ya ha dejado de consultar las manecillas del reloj, ya el tiempo ha quedado abolido. …y cuando nuestro protagonista se dispone a solicitarle su número de teléfono, la mujer soñada le pide disculpas, requerida desde el otro lado de la sala.

Nuestro protagonista la ve perderse entre el gentío, llevándose consigo la primavera. De vuelta a casa, todavía tembloroso tras la visión, trata de reencontrarse en sueños con la mujer que ha logrado hacer real por unos minutos.

Pero la mujer soñada ya nunca vuelve a aparecerse. Y nuestro protagonista aprende que quienes se atreven a arrancar la flor del Paraíso ya nunca vuelven a aspirar su perfume; nuestro protagonista aprende que los sueños que se cumplen son los que traen consigo la más cruel condena, la noche perpetua y sin fisuras. ??????????

¡Lo siento pero este final no lo entiendo!: ¿para qué hemos soñado, por qué hemos realizado el esfuerzo de conocernos, de saber lo que queremos; enfrentándonos a nuestros miedos, a nuestras miserias, a nuestros defectos…?

La condena más cruel que podemos sufrir es la de negarnos a nosotros mismos, la de asomarnos a la vida  y girar la cara para no verla… ceder nuestro poder al miedo y dejarnos invadir por la noche perpetua… Siempre podemos seguir soñando y enfrentarnos a lo que se nos presente, no cediendo nuestra esencia, nuestra verdad, nuestro sentimiento más que a nosotros mismos:

 … Se da cuenta que los sueños se hacen realidad y que si la sigue soñando volverá…

Así un día recibe un mensaje de ella: “¿preguntabas por mí…?” Desde entonces sueñan juntos cuando quieren, robándole momentos a la realidad, momentos que no pertenecen al tiempo ni al espacio, que son eternos… Momentos que solo les pertenecen a sus sentimientos, momentos que solo les pertenecen a ellos…; nuestros protagonistas aprenden que los sueños que se cumplen son los que traen consigo nuestros íntimos deseos, nuestra auténtica verdad… y juntos aprenden que la vida es un sueño hecho realidad…

¡Quizá conseguir nuestros sueños sea un regalo que hemos de aprender a aceptar!

Maru Canales

Acceso directo a otros artículos: