¿Soñamos…?

Existe un fantástico lugar llamado Sueño, donde no hace falta llevar equipajes. Cierras los ojos y confías, allí encontraras tus anhelos, tus inquietudes, tus verdades… Le das un rato de descanso a tu mente para convertirte en tu propio observador y le dejas a tu alma que se exprese, que te cuente lo que quiere, lo que siente, lo que teme… que te enseñe quien eres…

Los prejuicios,  lo estipulado, lo adecuado… lo metemos en esa maleta que en este lugar no tiene permitida la entrada. Así volamos a encontrarnos,  nos observamos y empezamos a conocernos… hasta puede que a querernos…

Podremos soñar lo que queramos, en nuestra libertad más absoluta; una vez perdido el miedo, la timidez… ¿Pero qué pasa cuando el sueño se hace realidad, cuando abrimos los ojos y nos encontramos con nuestro sueño?

Este fin de semana Juan Manuel de Prada nos relataba en su columna Esbozo para un cuento retro un sueño de amor, había soñado tantas veces con ella que un día apareció y ¿entonces qué?:

…Y un día se produce el milagro: nuestro hombre ha asistido por compromiso a una reunión social, en la que intercambia cansinas cortesías con invitados que nada le interesan, invitados que interfieren en su pensamiento monográfico; de vez en cuando consulta el reloj, para computar los minutos que le restan antes de volver a casa, antes de cerrar los párpados.

Entonces la ve aparecer: es la mujer soñada hasta la extenuación… nuestro protagonista asalta a la mujer soñada y conversa con ella; ya ha dejado de consultar las manecillas del reloj, ya el tiempo ha quedado abolido. …y cuando nuestro protagonista se dispone a solicitarle su número de teléfono, la mujer soñada le pide disculpas, requerida desde el otro lado de la sala.

Nuestro protagonista la ve perderse entre el gentío, llevándose consigo la primavera. De vuelta a casa, todavía tembloroso tras la visión, trata de reencontrarse en sueños con la mujer que ha logrado hacer real por unos minutos.

Pero la mujer soñada ya nunca vuelve a aparecerse. Y nuestro protagonista aprende que quienes se atreven a arrancar la flor del Paraíso ya nunca vuelven a aspirar su perfume; nuestro protagonista aprende que los sueños que se cumplen son los que traen consigo la más cruel condena, la noche perpetua y sin fisuras. ??????????

¡Lo siento pero este final no lo entiendo!: ¿para qué hemos soñado, por qué hemos realizado el esfuerzo de conocernos, de saber lo que queremos; enfrentándonos a nuestros miedos, a nuestras miserias, a nuestros defectos…?

La condena más cruel que podemos sufrir es la de negarnos a nosotros mismos, la de asomarnos a la vida  y girar la cara para no verla… ceder nuestro poder al miedo y dejarnos invadir por la noche perpetua… Siempre podemos seguir soñando y enfrentarnos a lo que se nos presente, no cediendo nuestra esencia, nuestra verdad, nuestro sentimiento más que a nosotros mismos:

 … Se da cuenta que los sueños se hacen realidad y que si la sigue soñando volverá…

Así un día recibe un mensaje de ella: “¿preguntabas por mí…?” Desde entonces sueñan juntos cuando quieren, robándole momentos a la realidad, momentos que no pertenecen al tiempo ni al espacio, que son eternos… Momentos que solo les pertenecen a sus sentimientos, momentos que solo les pertenecen a ellos…; nuestros protagonistas aprenden que los sueños que se cumplen son los que traen consigo nuestros íntimos deseos, nuestra auténtica verdad… y juntos aprenden que la vida es un sueño hecho realidad…

¡Quizá conseguir nuestros sueños sea un regalo que hemos de aprender a aceptar!

Maru Canales

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5 Responses to ¿Soñamos…?

  1. Angela dice:

    Es el miedo al fracaso el que nos paraliza y nos lleva a esa noche perpetua
    Solo el miedo es el culpable de los sueños imposibles

  2. José María dice:

    ¿que ocurre cuando uno de esos seres idealizados toma forma humana y al final el ser soñado compite con el real? ¿Y si hubiera varios seres amados y todos piden la exclusiva? ¿que dice el feng shui que debe hacer el amante ante semejante conflicto de fuerzas? Creo que Angela tiene razón al hablar de miedo. Miedo a perder todos esos afectos, miedo a hacer daño. Amar desinteresadamente y sin esperar nada nos podrá hacer más libres pero no evitará el daño del que no sabe amar así y, entonces, queriendo ser libres sin querer somos egoistas (¿culpables?)

  3. patricia dice:

    A veces la vida te hace regalos, hay que saber aceptarlos y disfrutar de ellos. Cuando se nos presentan sorpresas desagradables, nos dedicamos a solucionarlas con toda nuestra energía. ¿Por qué no hacer lo mismo cuando la sorpresa te proporciona buenos momentos? Muchas veces, lo único que nos impide aprovechar las oportunidades es el miedo.

  4. Maru Canales dice:

    Me recuerdas a la canción sobre como se pueden querer dos mujeres a la vez y no estar loco… 🙂

    Como hemos comentado en alguna ocasión, a través de la práctica de Feng Shui podemos reflejar nuestras aspiraciones o sueños. Primero necesitamos tener claro que es lo que queremos y como… después buscamos un objeto que represente los atributos de nuestra aspiración… desde Archivos del Blog puedes acceder a los artículos que explican como representar cada aspiración.

    Personalmente creo que no hay mayor miedo que mirarse, descubriendo nuestras debilidades, ante el juez más duro que existe: uno mismo. Cuando nos aceptamos a nosotros mismos, con nuestros temores, nuestras carencias, nuestras debilidades… empezamos a estar preparados para aceptar al otro, sin intentar cambiarle, para respetarle con sus propios miedos, carencias y debilidades…

    Podemos escudarnos en el miedo y llamarlo egoísmo, podemos alimentar nuestro ego hasta la saciedad y no nos haremos ningún favor ni a nosotros mismos, ni mucho menos al otro. ¿Por qué nos creemos en el derecho de gestionar la felicidad del otro, de responsabilizarnos de su vida? O, peor aún ¿por qué le cedemos a otros la responsabilidad de nuestra felicidad y de nuestra vida? No se trata de egoísmo, se trata de que cada uno sea responsable de su vida, de compartir, así cuando el sueño se haga realidad, quizá sepamos aceptarlo…

  5. Antonio Machado dice:

    Soñé que tú me llevabas
    por una blanca vereda,
    en medio del campo verde,
    hacia el azul de las sierras,
    hacia los montes azules,
    una mañana serena.

    Sentí tu mano en la mía,
    tu mano de compañera,
    tu voz de niña en mi oído
    como una campana nueva,
    como una campana virgen
    de un alba de primavera.

    ¡Eran tu voz y tu mano,
    en sueños, tan verdaderas! …
    Vive, esperanza, ¡quién sabe
    lo que se traga la tierra!

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