El Maestro de Feng Shui

2,septiembre 2007

“Hay cuatro cosas que no permiten tener paz a la gente. La primera es la vida larga; la segunda, la reputación, la tercera, el rango; y la cuarta, la riqueza.

Los que tienen estas cuatro cosas temen a los fantasmas, temen a los hombres, temen el poder y temen el castigo.

Las cosas que quieres son las que no quieres.”

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Este verano he leído una novela titulada “El Maestro de Feng Shui“, escrita por Nury Vittachi. En ella, el autor nos introduce en el mundo del aprendizaje de la técnica de la mano de un profesional de Singapur y su alumna occidental, analizando nueve proyectos enrevesados y divertidos.

A lo largo de la novela, el Maestro de Feng Shui nos invita a la reflexión a través de alguna historia propia de la cultura oriental. Esta es una forma bastante habitual de contestar a nuestras dudas, utilizada por los maestros orientales, al menos los que yo he conocido. A mí me encanta y por eso reproduzco aquí una de ellas:

“Los enseres de la vida de un hombre no son su vida.

Pero los enseres de la vida de un hombre son su vida.”

¿Es una contradicción? Si, pero también no. Pensemos en la siguiente imagen:

Hace calor y estas sentado bajo un árbol muy pequeño. Esto es bueno porque hay sombra, puedes ver todo lo que hay alrededor y ningún intruso puede sorprenderte. Pero hay sombra para una persona sola y no tienes sitio para recibir visitas. Pronto te sientes solo.

Te trasladas a un árbol más grande, cuya sombra alcanza para dos o tres invitados. Es muy bonito, pero tiene un tronco demasiado ancho y no puedes ver si alguien se oculta en ese espacio detrás de ti.

Algunos envejecemos. Nos trasladamos a árboles más voluminosos. Encuentras una higuera de Bengala tan grande que una aldea entera podría ponerse a su sombra. Ahora tienes un mundo realmente grande pero es peligroso. Detrás de ti hay un espacio desconocido, igual de grande que el espacio que tienes ante ti.

Algunas personas nunca llegan a una higuera de Bengala. Otras se trasladan de mundos pequeños a mundos grandes, pero algo en su vida las asusta y al final regresan a mundos muy pequeños.

Cuando conozcas a alguien debes hacerle en silencio una pregunta: ¿Cuan grande es tu mundo? Es una de las cosas más importantes que puedes saber de una persona.

A veces conoces a alguien y te das cuenta de que tu propio mundo no es lo bastante grande para darle cabida. Entonces debes tomar una decisión: ¿le dices que no hay suficiente espacio o te trasladas a un árbol más grande?

No preguntes a los inmortales cuan grande es el mundo:

“El mundo lo haces tú”

Maru Canales

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