Delante de mis narices

30,abril 2008

 

Un hombre que vivía en un país donde no existían árboles de sándalo llevaba tiempo obsesionado por saber cómo olía aquella madera, ya que mucha gente le había contado maravillas acerca de su exótico aroma. Para ello consultó a con su maestro, el cual se limitó a regalarle un lápiz.

Un poco decepcionado, el hombre usó el lápiz para escribir a sus amigos de otros países pidiéndoles que le mandasen un pedazo de la anhelada madera. Escribió una carta tras otra, pero nunca obtenía contestación.

Un día, mientras mordisqueaba el lapicero pensando en quién le quedaba por escribir, percibió un dulce perfume. Fue entonces cuando se dio cuenta de que siempre lo había tenido en sus manos. El perfume que le embriagaba surgía del corazón de su propio lápiz de sándalo…

 

Cuantas veces hemos buscado las gafas que teníamos puestas, las llaves que están en nuestro bolsillo… Cuantas veces preguntamos a los demás qué nos sucede y cómo podríamos arreglarlo… No nos damos cuenta que nuestra solución es única y personal, valida solamente para nosotros mismos, hasta que encontramos a alguien que sabe escucharnos y sabe hacernos decir, a nosotros mismos, cual es nuestra solución.  

Así funciona el Feng Shui, como instrumento que nos invita a descubrir de que madera queremos que sea nuestro lápiz, el cual tendremos que buscar y encontrar nosotros, con ayuda o sin ella. 

Este año he realizado muchos cambios en mi propia casa, he descubierto cosas que tenía, que yo misma había comprado, pero que no había visto aunque hablaban de mí. Estaban ahí para recordarme quien era, aquello a lo que me daba miedo enfrentarme y lo que quería alcanzar.

Me levanté una mañana y al salir de mi habitación ví un cuadro enfrente mío, me quedé helada, en el cuadro estaba yo. Por cierto, la pared estaba en mi casa y el cuadro en la pared desde hacía ocho años, yo misma lo compré y ahí lo colgué…

Cuando se lo conté a mi amiga Vanesa, me dijo: “un cuadro es como una actitud, para cambiarlo de sitio primero hay que verlo”. Entonces me dí cuenta lo fácil que es ver en las casas ajenas y lo que me costaba ver en la mía.  Afortunadamente, se celebraba en unos días el curso de Feng Shui, entonces ví mi opotunidad de oro, traerme todos los ojos del curso a mi casa utilizándola como el caso práctico del proyecto final. Lo reconozco, lo mío no era un caso de un solo maestro de Feng Shui, ¡¡¡yo necesitaba un grupo entero!!! 

Vaya regalazo de primavera, no solo me han guiado en mi propia práctica de Feng Shui si no que además he tenido la oportunidad de vivir la experiencia desde el otro lado de la barrera. Gracias a todas por participar y enseñarme mi casa.

 

Maru Canales

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