Deseos…

22,marzo 2009

deseos

El emperador salía del palacio para dar un paseo matutino, cuando se encuentra con un mendigo en la puerta.

Suponiendo que le pediría una limosna, le preguntó:

– ¿Qué quieres?

El mendigo lo miró y le dijo:

– Me preguntas de una manera… como si tú pudieras satisfacer mi deseo.

El emperador le respondió:

– Por supuesto que puedo satisfacer tu deseo… ¿Cuál es?

Y el mendigo mirándole a los ojos contestó:

– Piensa dos veces antes de prometer.

El emperador, comenzando a molestarse, pero insistió:

– Te daré cualquier cosa que pidas. Soy una persona muy poderosa, y extremadamente rica… ¿qué puedes tú desear que yo no pueda darte?

El mendigo sonrió:

– Se trata de un deseo muy simple… ¿ves esta bolsa que llevo conmigo?… ¿puedes llenarla con algo valioso?

– Por supuesto – dijo el emperador. Llamó a uno de sus sirvientes y le ordeno que llenara de dinero la bolsa.

El sirviente así lo hizo, pero según echaba el dinero en la bolsa, este desaparecía. Así que echó más y más y todo iba desapareciendo al instante. Es decir, que la bolsa del mendigo siempre permanecía vacía.

El rumor de esta escena corrió rápidamente por toda la ciudad y entonces una gran multitud se reunió en el lugar, poniendo en juego el prestigio del emperador.

  • – Estoy dispuesto a perder mi reino entero, pero este mendigo no se va a salir con la suya, ya que me dejará en ridículo frente al pueblo.

Diamantes, perlas, esmeraldas… uno a uno, todos los tesoros del emperador iban desapareciendo en la bolsa, la cual no parecía tener fondo. Todo lo que se colocaba en ella desaparecía inmediatamente.

Era el atardecer y habiendo quedado el emperador ya sin ninguna cosa que colocar en la bolsa del mendigo (habiendo llegado incluso a desprenderse de joyas que habían pertenecido a su familia por siglos), se tiró a los pies del mendigo y, admitiendo su derrota, le dijo:

– Has ganado tú, pero antes que te vayas, satisface mi curiosidad: ¿cuál es el secreto de tu bolsa?

El mendigo contestó:

– ¿El secreto? Simplemente está hecha de deseos humanos.

Maru Canales

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