En amor ar se

enamorados

– ¿Recuerdas lo que hacias casi todas las noches cuando eras pequeña, bueno, hasta que te caías de sueño?

– Leía bajo las mantas con una linterna.

– ¿Por qué no encendías la lámpara de tu habitación?

– Para que pensarás que dormía, cuando en realidad leía a escondidas…

– ¿Nunca te preguntaste si tu linterna era mágica?

– No, ¿por qué debería habérmelo preguntado?

– ¿Se apagó una sola vez durante todos esos años?

– No – contestó Julia confusa.

– Y, sin embargo, nunca le cambiaste las pilas… Julia mía, ¿qué sabes del amor tú que sólo has amado siempre a quienes te devolvían una imagen hermosa de ti misma?

[…] ¿Serias capaz durante siete años de entregarte a alguien sin reservas, de darlo todo, sin límites, sin dudas ni temores, sabiendo que esa persona a la que quieres más que a nada en el mundo olvidará casi todo lo que habréis vivido juntos? ¿Aceptarías que tus atenciones, tus gestos de amor se borraran de su memoria y la naturaleza llenara un día esa amnesia con reproches y anhelos no cumplidos? 

“Las cosas que no nos dijimos”

Marc Levy

Este párrafo pertenece a la novela que acabo de leer. Entre sus líneas se descubren reflexiones interesantes sobre las relaciones, entre un padre y una hija, entre parejas que fueron y otras que se quedaron en proyecto… Como decía Fromm aprendemos a amar en casa y la relación “con” y “entre” nuestros padres es el primer ejemplo que conocemos y, probablemente sobre el que construiremos nuestro modelo (al menos hasta que nos demos cuenta y nos atrevamos a reinventarnos como amantes). 

En general, los padres proyectan una imagen hermosa de sus hijos, lo que nos facilita el proceso de enamorarnos en el futuro. Y, nuestra cultura nos ha enseñado que enamorarse es importante, me pregunto: ¿de quien nos enamoramos, de nosotros mismos (a través de la imagen que nos proyectan) o del otro…?, ¿es suficiente enamorarse…?

Hay un dato muy curioso, dejamos de estar enamorados por las mismas razones que nos enamoramos. Un día valoramos lo sociable que es nuestra pareja, es muy divertido. Con el tiempo nos horroriza, parece que los de “fuera” le importan más que los de “dentro”. Un día valoramos su romanticismo, el mismo que años más tarde nos agobia, es un pesado, siempre está encima mío, controlando lo que hago… Esto me sugiere que nos enamoramos de quien proyecta como anhelamos ser, nos des-enamoramos cuando no lo conseguimos. Quizá no es que el otro cambie, sino que uno mismo no lo ha hecho, no he cambiado = no he progresado. Y, me molesta que la actitud de mi pareja me lo recuerde constantemente… (como cuando practicando Feng Shui represento mis aspiraciones, reflejo en el entorno mis anhelos y cuando no hago nada para conseguirlos mi casa me molesta, me incomoda…).

Como se comenta en la novela, los expertos dicen que el periodo de enamoramiento dura aproximadamente siete años. Se me ocurre que quizá se deba a que enamorarse no es más que un primer paso para amarse, a través del espejo del otro. Algo así como un entrenamiento para llegar al objetivo de amar al otro y sentir el amor, lo que somos.

¿Qué es el amor…, un pensamiento, un sentimiento, una sensación, un gesto, una palabra, estar enamorado, perdonar, comprender, mimar, cuidar, proteger…? ¿He amado alguna vez a alguien que no proyectará una imagen hermosa de mi? ¿He amado alguna vez sin esperar nada a cambio…?

Maru Canales

Autora del libro “Feng Shui en la vida”

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