Me “han” despedido

12,julio 2009

ejecutivaDespedirse de un trabajo me recuerda a cuando “me suspendían” algún examen, yo nunca lo hacía… Siempre había un profesor dispuesto a hacerlo por mí. En el trabajo no fue diferente, sino había un jefe dispuesto a cargar con la responsabilidad, había una situación económica complicada, una reestructuración de plantilla, un embarazo… cualquier excusa es válida para despedirse y que parezca que lo hacen otros por mí. 

Ya dice la sabiduría popular que “siempre se mata al mensajero”. Es decir, utilizamos al mensajero de nuestro propósito como verdugo, así podemos colocarnos cómodamente en el lado de las víctimas. Sin embargo, el papel de víctima a mí nunca me ha dado resultado, no me ha aportado nada aparte de sufrimiento.

Aceptar la responsabilidad de todo lo que me sucede si me ha dado buenos resultados. Aceptar que me “he despedido” y descubrir para qué ha sucedido es lo que realmente me ha ayudado en el desarrollo de mi profesión. Mi primer trabajo “serio” fue en una multinacional, American Express. Todo iba bien hasta que decidí compaginarlo con unos estudios de postgrado. Entonces, mi jefe me advirtió su disconformidad amenazándome con consecuencias desagradables. Supongo que mi inconsciente me explicaría que mi finalidad en la vida no estaba encorsetada a una empresa concreta. Por supuesto, realicé mis estudios y no me renovaron el contrato. Recuerdo que la sensación no fue agradable, sentía que había sido despedida y me invadió cierto sentimiento de fracaso (quizá orgullo herido) unido a un vacío de futuro.

Las dudas se despejaron rápidamente al encontrar un nuevo trabajo, en DHL, del que años más tarde también volvería a sentirme despedida. En esta ocasión me quedé embarazada y no hacía falta más que echar un vistazo alrededor (al caso de otras compañeras) para saber lo que me jugaba. Supongo que de nuevo, mis objetivos en la vida volvían a entrar en contradicción con el mercado laboral. Aunque me enfadó muchísimo la situación, con el tiempo he entendido las oportunidades que me brindó, entre ellas poder dedicarme y disfrutar de mi bebé una buena temporada.

Es cierto que mi experiencia se desarrolla en la juventud, momento en el que todavía no solemos estar tan apegados a las cosas, es decir, nuestra cuenta de gastos no es tan extensa como en la madurez cuando además tenemos hijos a nuestro cargo. Aunque por otro lado, era un momento en el que la carrera profesional era uno de los aspectos a los que más importancia daba. En todo caso, mis despidos han sido una gran enseñanza para el momento actual en mi papel de empresaria.

Ahora ya no tengo un jefe al que poder echarle la culpa de mis resultados. Bueno, me queda la situación económica actual (aunque ya ni yo misma me crea mis excusas). Lo que si he aprendido es que cuando la vida me para de alguna manera me está invitando a mirar hacia dentro, a bucear en mí. Y, siempre que lo he hecho me ha dado buenos resultados, descubriendo nuevas oportunidades. De hecho, mi dedicación a la consultoría de Feng Shui nace durante la recuperación de mi cóccix roto.

Hace unos días, haciendo un proyecto de Feng Shui en una casa, me di un golpe en la cabeza con un techo aguardillado, perdí el equilibrio y caí. Para no rodar por toda la escalera, solté la brújula, que rodó por mí. El resultado ha sido un hueso (nada grave) y mi brújula rota. Podría pensar que la casa en la que estaba tenía su “aquel”, pero no me aportaría nada porque la que se cayó fui yo. Por eso, prefiero mirar hacia dentro y replantearme de nuevo todo, cuestiones que no se me habrían ocurrido días atrás. Después del desconcierto inicial, poco a poco, voy vislumbrando nuevas oportunidades que tampoco había visto hasta ahora.

Escribiendo este artículo, me acabo de dar cuenta que estoy haciendo lo que he representado en la aspiración de la carrera profesional en mi despacho, a través de una marina que para mí significa “sabemos lo que somos pero no lo que podemos llegar a ser… “. ¡Qué burra puedo ser!, lo tenía delante de mis narices y he tenido que romperme un hueso y la brújula para darme cuenta… La verdad es que entiendo a mi inconsciente, a veces, o me da un golpe y me inmoviliza o no me entero…  

Maru Canales

Autora del libro, “Feng Shui en la empresa”

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Entre hacer y ser…

28,junio 2009

En la película “Cómo cocinar tu vida”,  Edward Brown, cuenta su experiencia:   

”Cuando era joven quería ser famoso, amado e incluso venerado.

Me hice cocinero y a la gente parecía gustarle especialmente mi comida. Sin embargo, este aprecio no se transfería a mi persona. Decían que era arrogante, mandón, malhumorado y sabelotodo.

Aunque me llevó un tiempo, llegó el momento en que pude reconocer que necesitaba reflexionar sobre mi forma de trabajar y mi manera de ser.

A lo largo de los años, cuando preguntaba a otros cocineros cual era la parte más difícil de su trabajo, casi invariablemente respondían:

– La gente, tener que trabajar con otras personas, tener que trabajar contigo mismo. La comida se cuida sola…”

Esta reflexión me ha recordado la cantidad de veces que he buscado mis propios valores en el exterior. Ocasiones en las que he creído que el “hacer” podría suplir el “ser”. Quizá se trate de la fórmula del complaciente que aprendí en la infancia, “comete toda la cena como una buena niña”, “no molestes, se buena”. Y, ahora me pregunto si mi bondad tendría algo que ver con no molestar en un momento dado al adulto de turno, al mismo que también me explicaba “que quien bien te quiere, te hará llorar…”

Se me ocurre que quizá la solución esté en ser yo misma, en hacer las cosas como las siento. No dudo que la comida de Edward fuera buena, pero estoy segura que cuando aprendió a cocinar sin malhumor fue mucho mejor. Ya sabemos que lo creado es de la misma energía del creador.

En definitiva, trabajar por ser como quiero ser reconocida. El reconocimiento de los demás vendrá después, será una consecuencia, que en todo caso, siempre estará sujeta a la interpretación del otro.

Maru Canales

Autora del libro, “Feng Shui en la empresa”

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A mi miedo

14,junio 2009

Valentia

Han sido varios los artículos escritos en este blog haciendo referencia al miedo, desde hace dos años. Es curioso como funciona la ley de la sincronicidad, no era una casualidad, el miedo era uno de mis temas a afrontar, una de mis grandes sombras pendientes de abrazar.

En casa de mis padres todavía se conservan en el salón mis fotos con un gato, montada a caballo, esquiando…  Mi aprendizaje sobre el miedo comienza en la infancia entorno a los deportes y a los animales. Mi casa era un buen escenario, convivíamos con todo tipo de animales. Aunque la raza felina era la que se llevaba la palma, un gato en el jardín era suficiente para que no saliera de casa, llegó un momento que no me atrevía ni a ahuyentarlo.

Asimismo, una de las prioridades de mis padres era inculcarnos el amor por el deporte. Por ello, llegué a dedicarme a algunos deportes con bastante intensidad, lo que hizo que mis amistades también estuvieran en ese entorno y no quisiera abandonarlo. No obstante, vivía la práctica del deporte como una autentica  pesadilla, era el caldo de cultivo que hacía a mi miedo aparecer.  

Así me gané en mi entorno la etiqueta de miedosa. Hacía tantos años que la llevaba puesta que me identifiqué plenamente con ella. Ya adulta, la extendí desde el mundo animal y deportivo a otras áreas de mi vida. Pero, llegó un momento que sus límites parecían ahogarme, hasta que por fin, ahondando en conocerme, descubrí que ese miedo había surgido como un aliado. Especialmente en los momentos que ha sido tan intenso que ha conseguido paralizarme. Gracias al pánico que he llegado a sentir se ha despertado un resorte que estaba en mi interior, mi valentía, lo único que ha sido capaz de sacarme de esas situaciones. Es decir, gracias al miedo he conocido el poder de mi valentía.

Hasta que un día, realizaba un profundo ejercicio de autodescubrimiento y aceptación de las sombras. Me emocioné pensando que ya había llegado al origen, pero el ejercicio continuaba. Llegué a sentir el miedo a la muerte, conseguí traspasarlo. Entonces, me encontré con el mayor miedo que jamás hubiera sospechado, el miedo a mi misma. Miedo a lo que opino de mi, miedo a mi propia crítica, miedo a perderme en el otro, miedo a volverme a dormir durante años guiándome por lo “establecido” o lo supuestamente “correcto”, miedo a no permitirme ser yo misma. Ese es el origen de mi miedo, un sentimiento aterrador, porque acaba con mis excusas del exterior. Me enfrenta a la realidad, si no soy yo misma es porque yo no lo permito, nadie más tiene ese poder, esa capacidad de hacerlo posible. Todo está en mí, ambas conviven, la que quiere ser ella misma y el juez implacable que me puede boicotear.

Recordé que en el blog había publicado la experiencia de Donald Walsch, volví a verla  “la respuesta correcta siempre es el amor: ¿qué haría el amor ante esta situación?”.  Además, este planteamiento coincidía con lo que proponían los egipcios en el Templo de Osiris, el camino del miedo al amor.  Todo ello me reconfortó, sentí que había encontrado un camino. Pensé en cómo podría ayudarme a traspasar este nuevo reto y puse en practica lo que el Feng Shui me ha enseñado. En la esquina Noroeste de mi despacho, donde se representa el liderazgo, decidí escribir un mensaje claro, directo y conciso a mi inconsciente, “SOY CAPAZ”. Cuantas veces lo he leído y que bien me he sentido.

Así, llega mi reconciliación con mi miedo, empiezo por el mundo animal y deportivo, los instrumentos que yo misma elegí desde la infancia para facilitarme este aprendizaje. Por primera vez en mi vida, este invierno pude disfrutar de la práctica del esquí sin sentir miedo, afrontando mi miedo a la muerte. Pude coger un gato en brazos en lugar de cruzar de acera porque había uno, aceptando el miedo a ser libre e incontrolable para mi mente. Pequeños grandes detalles que me ayudan a “resetear” mis creencias, a darme cuenta de que no necesito llegar a situaciones límite para saber que puedo salir de ellas. Ahora, poco a poco, lo voy trasladando a otras áreas de mi vida.

Todo mi respeto y agradecimiento a mi miedo, ahora sé que cuando apareces tienes algo importante que contarme. Lo descubrí cuando deje de preguntarme por qué y empecé a preguntarme para qué estabas ahí. Gracias por iniciarme y prepararme para un nuevo camino a recorrer, el camino del amor.

Maru Canales

Autora del libro, “Feng Shui en la empresa”

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Encontrarás

10,mayo 2009

encontrarás

Atención a esta palabra. Ésta es la mayor decepción jamás inventada por el ser humano: “Encontrarás…”

No ahora, sino en algún momento en el futuro…

No aquí sino en algún otro lugar.

Y todas las llamadas “religiones” han utilizado este artificio decepcionante. Prometen. Dicen: “Encontrarás todo lo que quieres, pero no ahora… mañana”.

Y el mañana nunca llega; por su misma naturaleza no puede llegar. Siempre es ahora y, ahora y ahora. Dondequiera que vayas a estar, será aquí y ahora.

Y la promesa es: “Encontrarás”.

La promesa es muy ingeniosa. Eso es lo que han hecho todas las religiones. “En el cielo encontrarás paz, descanso, felicidad”.

Llegarás algún día pero no ahora.

Y si quieres llegar allí, sacrifica la felicidad del día presente por eso. “Se tiene que pagar un precio”, dicen. “Y el precio es el siguiente: sacrifica, sacrifica tu presente por el futuro. Sacrifica lo real por lo imaginario. Sacrifica la vida por lo que viene después de la muerte”.

Y ellos han convencido a la humanidad, y casi todos han sacrificado sus vidas. Nadie regresa del paraíso para contar lo que sucede.

Osho- El Sendero del Tao

¿… y si resulta que se puede encontrar aquí y ahora?, ¿qué perdería por intentarlo?, ¿qué ganaría si lo encontrase…?

Se me ocurre que quizá para encontrar no sea necesario sacrificar, sino simplemente buscar. Estar dispuesto a encontrar y a afrontar los cambios que ello podría ocasionar… me.

Maru Canales

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El espiralismo

23,abril 2009

“Métete en tu propia espiral. La felicidad no te la puede dar la gente, tiene que partir de ti hacia la gente.”
Teresa Perales

Miquel Barber

Este vocablo, “espiralidad” es de Teresa Perales, una de nuestras campeonas paralimpicas. De ahí surgió la idea para el titulo que Mabel Lozano ha utilizado en su ultimo corto, “La teoría del espiralismo”. En él habla de cinco mujeres, de cinco deportistas de elite, paralimpicas. Este corto viene a demostrarnos una paradoja, las personas que más dificultades tienen en la vida suelen ser las más positivas.

Como dice Mabel, gracias a este documental he conocido a mucha gente que está en silla de ruedas y veo su discapacidad. Sin embargo, la discapacidad de mucha gente no se ve, y la tienen. La gente es mezquina, miente, no es generosa, te montas en un ascensor y no saludan, no sonríen, entras en una panadería y nadie sonríe. Eso, en serio, es una discapacidad, pero no se ve.

Se trata de un trabajo extraordinario, es un placer disfrutar del ejemplo de estas cinco mujeres líderes, demostrando sus múltiples capacidades. Son cinco espejos maravillosos donde todos nos podemos mirar. Si ellas pueden, los demás también podemos.

Por muy cómodo que resulte encontrar excusas y culpables, la llave del cambio y del desarrollo de nuestras capacidades está en uno mismo. Podremos ayudarnos de herramientas, como la técnica de Feng Shui que nos propone asegurarnos que el entorno, el espacio físico en el que nos movemos, nos apoya. Pero estos instrumentos no sustituyen nunca nuestra acción. 

Maru Canales

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Espiritualidad en la cocina

11,marzo 2009

“Cuando hiervas arroz date cuenta de que

el agua es tu propia vida”

Proverbio Zen

“Cómo cocinar tu vida” es el titulo de la nueva película de Doris Dorrie, la directora de Sabiduría Garantizada. La película transcurre de la mano de Edward Brown, un maestro zen que a través de sus clases de cocina nos enseña como trabajar la espiritualidad, “saber como cocinar es cuestión de cuidarse uno mismo y cuidar a los demás”.

Como aperitivo, os invito a ver el trailer de la película

Creo que en la actualidad soplan vientos de integración y esta película es todo un ejemplo de como llevarlo a la práctica, integrar la espiritualidad en la vida cotidiana es posible.

Maru Canales

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El sueño azul

7,enero 2009

bosque encantado

Un día, viajando por un bosque luminoso, el viajero se detuvo.

Se encendió una hoguerita, se preparaba una taza de té y reclinándose contra un árbol, se fumó una pipa.

En alguna distancia se oía el murmullo de un arroyo y una brisa, suave como un aliento, movió las hojas de los árboles. El viajero sonrió.

– “Bien”, pensaba “hasta aquí hemos llegado. Bonito paraje…”

Y mientras fumó su pipa, reflexionó un poco sobre sus viajes anteriores. Había atravesado infiernos y desiertos de vastas extensiones, se había refrescado en oasis y disfrutado de bellas orillas, había volado alto en los cielos y buceado profundo en los mares, respirando oxígeno líquido. Había amado y había odiado, se había reído y llorado y así una larga, larga lista de vivencias y experiencias a las que siempre encontraba su opuesto.

– “Y bien”, pensaba “¿ahora qué? ¿Adónde puedo ir donde no he estado ya? ¿Qué puedo hacer que no he hecho ya? No hay nada más que vivir que quedarme aquí sentado!” Y tal fue el impacto de su descubrimiento que una lágrima brotó de su ojo.

Desde el suelo, donde había caído la lágrima, brotó una flor blanca de extraordinaria belleza y una fragancia exquisita. Con gracia dobló su largo tallo para darle un suave beso en la mejilla y le susurró:

  • – “Duerme, hermano mío, sueña, no hay nada que hacer”

El viajero la contempló, maravillado y reconfortado y con una profunda exhalación cerró sus ojos. Y soñó. Soñó que escuchaba al Gran Silencio, al susurro del viento en los árboles, al sol que iluminaba cada hoja, a cada hierba que estaba brillando en luz plateada. Y cuanto más quietamente escuchaba, más se asemejaban el Gran Silencio y el silencio en su corazón y en su silencio no dejaban de murmurar

– “Amor, Amor, Amor”.

Quizás habían pasado minutos o quizás eones cuando apareció un delfín hecho de pura luz, nadando graciosamente en el aire. Le sonrió al viajero:

  • – “Ven, hermano mío, el viaje no se acaba aquí, seguiremos nadando por el océano infinito.”

El viajero se inclinó profundamente ante el delfín, se salió de su vieja piel porque era demasiado pesada y brillando como su hermano, se alejaron dos delfines, chapoteando entre los arbustos.

La hoguera se extinguió y la hierba creció sobre la pipa pero los árboles y los arroyos recuerdan y siguen murmurando la Gran Verdad a todo quien quiere escuchar.

Kerstin Müller

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