El caballero de la armadura oxidada

2,octubre 2008

el caballero de la armadura

Es habitual que tengamos un concepto personal sobre nosotros mismos que supere la realidad. Pero también es posible llegar a superarnos invirtiendo algo de tiempo y esfuerzo en conocernos un poquito más. En esta línea nos habla este pequeño libro de Robert Fisher escrito a modo de cuento “El caballero de la armadura oxidada” que hace unos días descubrí a través de una amiga y que hoy me gustaría compartir con vosotros:

Hace ya mucho tiempo, en una tierra muy lejana, vivía un caballero que pensaba que era bueno, generoso y amoroso. Hacía todo lo que suelen hacer los caballeros buenos, generosos y amorosos. Luchaba contra sus enemigos, que era malos, mezquinos y odiosos. Mataba a dragones y rescataba a damiselas en apuros. Cuando en el asunto de la caballería había crisis, tenía la mala costumbre de rescatar damiselas incluso cuando ellas no deseaban ser rescatadas y, debido a esto, aunque muchas damas le estaban agradecidas, otras tantas se mostraban furiosas con el caballero. Él lo aceptaba con filosofía. Después de todo, no se puede contentar a todo el mundo.

Nuestro caballero era famoso por su armadura. Reflejaba unos rayos de luz tan brillantes que la gente del pueblo juraba no haber visto el sol salir en el norte o ponerse en el este cuando el caballero partía a la batalla. Y partía a la batalla con bastante frecuencia. Ante la mera mención de una cruzada, el caballero se ponía la armadura entusiasmado, montaba su caballo y cabalgaba en cualquier dirección. Su entusiasmo era tal que a veces partía en varias direcciones a la vez, lo cual no es nada fácil.

Durante años, el caballero es esforzó en ser el número uno del reino. Siempre había otra batalla que ganar, otro dragón que matar y otra damisela que rescatar.

El caballero tenía una mujer fiel y bastante tolerante, Julieta, que escribía hermosos poemas, decía cosas inteligentes y tenía debilidad por el vino. También tenía un hijo de cabellos dorados, Cristóbal, al que esperaba ver algún día, convertido en un valiente caballero.

Julieta y Cristóbal veían poco al caballero porque, cuando no estaba luchando en una batalla, matando dragones o rescatando damiselas, estaba ocupado probándose su armadura y admirando su brillo. Con el tiempo, el caballero se enamoró hasta tal punto de su armadura que se la empezó a poner para cenar y, a menudo, para dormir. Después de un tiempo, ya no se tomaba la molestia de quitársela para nada. Poco a poco, su familia fue olvidando qué aspecto tenía sin ella.

He reproducido la introducción, el resto lo podreis descargar en word pulsando aquí

Maru Canales
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Lentamente…

17,septiembre 2008

”feng shui”

Los buenos amigos son maestros tenaces, no cesan de ofrecernos nuevas oportunidades compartiendo sus experiencias en el transcurrir de los días a su lado. Este verano he podido aprender muchas cosas sobre la despedida de un ser querido a través de una buena amiga mía. Ella misma me ha mandado este precioso atardecer y esta poesía, su amistad es uno de mis privilegios.

Muere lentamente quien no viaja,
quien no lee,
quien no oye música,
quien no encuentra gracia en sí mismo.

Muere lentamente
quien destruye su amor propio,
quien no se deja ayudar.

Muere lentamente
quien se transforma en esclavo del hábito
repitiendo todos los días los mismos trayectos,
quien no cambia de marca,
no se atreve a cambiar el color de su vestimenta o bien,
no conversa con quien no conoce.

Muere lentamente
quien evita una pasión y su remolino de emociones,
justamente estas que regresan el brillo a los ojos
y restauran los corazones destrozados.

Muere lentamente
quien no gira el volante cuando está infeliz con su trabajo o su amor,
quien no arriesga lo cierto ni lo incierto para ir detrás de un sueño
quien no se permite, ni siquiera una vez en su vida,
huir de los consejos sensatos…

¡Vive hoy!
¡Arriesga hoy!
¡Hazlo hoy!
¡No te dejes morir lentamente!
¡NO TE IMPIDAS SER FELIZ!

Pablo Neruda

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Maru Canales

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Adivina, adivinanza

28,mayo 2008

En alguna ocasión hemos comentado que para cambiar algo de sitio primero hay que verlo… Esto me recuerda a un juego que siempre me ha gustado, el de las adivinanzas, ahí van tres, ¿te animas a jugar…?

Adivinanza 1

¿Qué es lo que es algo y a la vez nada?

Adivinanza 2

Una cajita chiquita,

blanca como la cal

todos la saben abrir,

nadie la sabe cerrar

Adivinanza 3

Seguro que en tu casa está

y si no lo sabes no importa.

Pero, ¿qué cosa será

que cuanto más larga más corta?

Maru Canales

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Entre padres e hijos

19,marzo 2008

“Las personas no se alteran por los hechos,

sino por lo que piensan acerca de los hechos”

Epíteto

Quizá esta sea una de las razones por las cuales cada hermano podemos vivir la relación con nuestros padres de forma diferente. En algunos artículos hemos ido comentando la relación entre padres e hijos, una de las cuestiones que más nos interesan al hacer Feng Shui en el hogar, a través de los títulos de los artículos os facilito el enlace:

Padres e hijos

Los niños nos imitan

El ejemplo de un padre excelente

En busca de la felicidad

La felicidad aplazada

Divorcio e hijos

A la hora de llevar a la práctica el Feng Shui en nuestra casa, hemos de recordar que al padre se le representa en el Noroeste de un espacio, a la madre en el Suroeste y a los hijos en el Oeste:

Practicando Feng Shui

La aspiración de los hijos y la creatividad

La aspiración del liderazgo y el patriarca 

La aspiración del compromiso y la matriarca

Feng Shui en la decoración infantil

Además os invito a contarles un cuento

Maru Canales

Autora del libro “Feng Shui en la vida”

Feng Shui y comunicación

Descubre los secretos del Feng Shui

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El hombre que tenía mala suerte

16,octubre 2007

Decíamos en el artículo titulado Padres e Hijos que “los contadores de historias son vendedores de sueños”. Buscando cuentos para contar a mis hijos, he encontrado (en el Blog de Gallaecus) este que ha tenido un gran éxito con ellos y me gustaría compartir con vosotros.

Aprovecho para ilustrar el cuento con la obra de Magritte “False Mirror” (Espejo Falso), no solo porque me encanta, sino porque además creo que refleja muy bien la moraleja del cuento. 

 

Érase una vez un hombre que siempre tenía mala suerte. Los años iban pasando y aunque se esforzaba mucho, todo era en vano, seguía teniendo mala suerte. Después de darle muchas vueltas, llegó a la conclusión de que necesitaba ayuda. ¿Y…, quién era más indicado para prestársela que Dios?

Así que el hombre decidió ir a ver a Dios para pedirle que le cambiara su mala suerte. A la mañana siguiente se puso en marcha. Caminó durante mucho tiempo, hasta que al cabo de algunos días llegó a la selva y abriéndose paso entre la maleza, escuchó de repente una voz estridente:

– “¡Oooooooh….oooooooohh!”

Asombrado buscó el origen de esa voz pensando que a lo mejor alguien podía estar necesitando su ayuda. Encontró un lobo raquítico, se le podían contar las costillas y el pelo se le caía a mechones.

– ¿Qué te pasa lobo?, le preguntó.

– Estoy mal, de un tiempo a esta parte todo me va mal. No tienes más que observar mi aspecto…, contestó el lobo.

– No hace falta que me cuentes nada más, yo también tengo mala suerte. Por eso voy a ver a Dios, a pedirle que me cambie la suerte.

– Por favor, pídele también un consejo para mí, le rogó el lobo

El Hombre le dijo al lobo que así lo haría y siguió su camino hasta llegar a un árbol en cuya sombra pensó en descansar. Se recostó y en cuanto cerró los ojos oyó una voz:

– ¡Oooooooohh! ¡Ooooooooohh!

Aunque el hombre abrió los ojos pero no pudo ver a nadie a su alrededor. Al cabo de un rato volvió a escuchar el quejido y así sucedió una y otra vez, hasta que por fin se le ocurrió preguntar al árbol si era él.

– Sí, yo soy. Contestó el árbol. Últimamente todo me va mal, mira mis ramas torcidas y mis hojas marchitas

– ¡No sigas! Ya sé de qué me estás hablando. Yo también tengo mala suerte, por eso voy a pedirle a Dios que me la cambie.

– Por favor, pídele también un consejo para mí. Le pidió el árbol.

Y prometiéndole al árbol que así lo haría siguió su camino durante días hasta llegar a un precioso valle, en donde descubrió una casa muy acogedora. Al acercarse vio que delante de la casa estaba una mujer muy hermosa que parecía esperarle.

– Ven, viajero, ven a descansar. Le insistió la mujer.

Con el cansancio acumulado de tantos días de viaje, el hombre aceptó de buen grado. Pasaron una velada muy especial, disfrutó de una buena comida y de una agradable charla en la que la mujer le contó lo triste y sola que se sentía. Cuando el la contó el motivo de su viaje, ésta también le pidió que un consejo para ella.

A la mañana siguiente el hombre emprendió de nuevo su viaje, caminó días hasta que llegó al Fin del Mundo. Se asomó, miró hacia abajo, a la derecha, a la izquierda y hacia arriba, pero no pudo ver nada que no fueran estrellas. De repente se formó una nube enfrente de él que fue tomando la forma de la cara de un hombre.

– ¿Eres Dios?, preguntó tímidamente

– Sí, yo soy, le contestó una voz procedente de la nube.

– Las cosas me van mal y he venido para pedirte que cambies mi suerte, siguió el hombre.

De acuerdo, te daré la clave que te cambiará la suerte, tienes que estar muy atento y buscar tu buena suerte

El hombre entusiasmado por haber recibido la clave de su suerte emprendió rápidamente el camino de vuelta a casa, quería llegar cuanto antes y comprobar que su suerte había cambiado. Al pasar por delante de la casa del valle, la mujer le preguntó cual era el consejo para ella, a lo que él contestó:

– Me dijo que lo que te faltaba era un hombre, un compañero que compartiera la vida contigo aquí en este valle.

La mujer se emocionó pensando que ahí mismo tenia a su hombre, pero este salió corriendo y gritando: he visto a Dios y me ha prometido que me va a cambiar la suerte, sólo me pidió que estuviera atento, ahora tengo que irme, he de buscarla.

Siguió corriendo hasta llegar a donde estaba el árbol quien también le preguntó por su consejo y así le explicó que debajo de tus raíces había un enorme tesoro que le impedía crecer.

El árbol le pidió que sacase el tesoro de sus raíces y que por supuesto se lo podría llevar. Pero el hombre disculpándose empezó a correr, tenía prisa por llegar a casa y ver si habría cambiado su suerte realmente.

Finalmente se encontró de nuevo con el lobo y le explicó todo lo que había pasado hasta entonces. Cuando acabó su relato e l lobo le preguntó:

– ¿Y para mí…., para mí no te dio un consejo?

¡Ah, si!, me dijo que para ponerte de nuevo fuerte sólo tenías que hacer una cosa, comerte a la criatura más estúpida de la tierra, entonces te irá todo bien.

Así el lobo hizo un gran esfuerzo por levantarse, se abalanzó sobre el hombre y lo devoró.

Maru Canales

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