Dinero, una energía

25,enero 2009

“Si el dinero no te da felicidad, devuélvelo”

Jules Renard

euros1

El dinero como todo lo material es un símbolo de una energía sagrada, responde a un propósito más elevado. 

Nosotros hemos creado el dinero y, éste está respaldado por las riquezas de la madre tierra: petróleo, oro, piedras preciosas…, el dinero es por tanto una energía nutriente. 

Debemos aceptar el dinero puesto que forma parte de la sociedad en que vivimos y nosotros hemos decidido formar parte de ella. 

Si necesitamos el dinero para vivir, para nutrirnos, para experimentar placer y comodidad, debemos honrarlo: 

  • Honrar su presencia y los medios que nos proporciona para adquirir lo que queremos. 
  • Liberarnos del apego porque el apego es lo que hace que lo temamos y lo rechacemos o que nos obsesione y siempre queramos más temiendo que se acabe; tener libertad económica, es decir, no depender de la cantidad que llegue a nosotros ni de la forma en que llegue. 
  • Asegurarnos nuestra conexión con la tierra, la energía nutriente, ¿sentimos nuestros pies bien anclados en la tierra? ¿Confiamos en nuestra fuente de abastecimiento? Entonces, podemos elegir experimentar el amor y la confianza a través del dinero. 

El dinero también es una herramienta de trabajo personal, analizando nuestra relación con el dinero y nuestras reacciones podemos saber si nos valoramos, si nos creemos merecedores, si aceptamos apoyos, si confiamos y tenemos seguridad en el proceso de la vida y en nuestra capacidad creativa. 

Si le damos el poder al dinero creeremos que se acaba, que cuesta ganarlo, que nunca hay suficiente y dejaremos de vivir nuestros sueños, culpando al dinero tras el que corremos sin descanso. 

Si nos da miedo tener poder nos negaremos la entrada de dinero, derrocharemos o nos veremos sumergidos en deudas, necesitando de los demás, reclamando inconscientemente atención, cuidados, buscando que otros nos amen y nos nutran. 

Cuando recuperamos el poder personal vemos el dinero en su valor real, no como algo limitante, sino como una energía, una herramienta necesaria y  la usamos creativamente, sabiendo que el valor está en nosotros que somos los artífices de aceptar y crear abundancia. 

A través del dinero experimentamos el amor personal y colectivo, la ley de dar y recibir siempre presente: para poder recibir dependemos de que haya alguien dispuesto a dar aquello que necesitamos y para dar, dependemos de que haya alguien dispuesto a recibir precisamente lo que tenemos. 

Gracias al dinero hemos conseguido que el trueque o intercambio sea más cómodo y rápido, pero somos interdependientes. 

Con el dinero que generamos individualmente nos abastecemos nosotros, a nuestras familias y a la sociedad: hay una parte destinada al grupo, a convivir y generar comodidad y progreso colectivo. El amor individual y el amor de tribu. 

Revisemos nuestras creencias sobre el dinero, la forma en que hablamos de él, nos indica nuestros sentimientos hacia él y, valorémosle. ¿Cuántas veces hemos despreciado alguna moneda de céntimos? Y sin embargo, a la hora de comprar algo no podemos si nos faltan céntimos. Si lo despreciamos el universo entiende que no le damos importancia y desvía su llegada. 

No es el dinero el que corrompe a las personas, es la actitud de las personas hacia el dinero la que hace que se corrompan. 

El dinero no se acaba, el dinero cambia de manos, se transforma en materia, el dinero está ahí fuera ¡circulando por el mundo! 

No es el dinero el que nos impide conseguir nuestros sueños, son nuestros miedos y nuestra limitada visión los que nos alejan de nuestros objetivos. 

En los billetes de euro hay dibujos de puertas y ventanas que simbolizan una actitud abierta al mundo y, puentes como metáfora de cooperación y comunicación. 

Quizá si dejamos de despreciar el sueldo porque nos parece bajo, cambiamos los “sablazos” de pagar las facturas y pagamos con amor y agradeciendo el servicio recibido y buscamos el precio justo para nosotros en vez de etiquetar de caro el valor que alguien adjudica a su mercancía, podamos abrir la puerta a la abundancia y cruzar más puentes dispuestos a compartir la confianza y la seguridad a través del dinero.

Olga Palacio Fernández

La aspiración de la riqueza es una de las que más interés suscita a aquellos que se acercan a la técnica de Feng Shui. Quizá creamos que poniendo un objeto concreto en un lugar determinado nuestros problemas económicos desaparecerán. Sin embargo, comprobaremos que no funciona así. Necesitamos primero entender que es el dinero, como funciona esta energía, cuales son nuestros objetivos  y que retos tendremos que aprender para conseguirlos.

Personalmente este escrito que Olga ha tenido la amabilidad de compartir con nosotros me ha ayudado a entender esta energía, una de las más complicadas por la cultura en la que vivimos.   

Maru Canales

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Una lección de prosperidad

7,octubre 2008

“El que está satisfecho con su parte es rico”

Lao-Tsé

Aquí sigo, después de meses, tratando de entender la aspiración de la riqueza y la prosperidad, parece que se trata de una de las energías que más me cuesta entender. Necesito traspasar mis propios límites, producto de mi mentalidad occidental y, dejar de identificar prosperidad con dinero. Entiendo que el dinero no me dará la felicidad pero también entiendo que es necesario para sobrevivir en esta sociedad. Es más tengo la sensación de que el dinero es una consecuencia de la prosperidad y no un objetivo. Pero sé que aún me quedan muchas cosas por aprender…

Cuando veo la felicidad en las caras de la gente del llamado tercer mundo me pregunto: ¿qué saben ellos que yo aún no he descubierto?
Este video además de una lección de prosperidad, es un regalo de media hora de paz y amor

 

(Tras ver este video he entendido que la crisis económica que vivimos no parece una casualidad… )

Maru Canales

Autora del libro “Feng Shui en la vida”

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Distribución de la riqueza

12,julio 2008

“Todo lo que se come sin necesidad se roba del estómago de los pobres”

Mahatma Gandhi

Estoy trabajando en mi aspiración de la riqueza para practicar Feng Shui, analizando mi concepción del dinero descubrí cierto sentimiento de culpabilidad cuando lo obtengo. Creo que tiene mucho que ver con trabajar en algo que personalmente me apasiona y no me hace considerar mi trabajo como un esfuerzo. Así, se me ha ocurrido investigar un poco sobre la distribución de la riqueza en el mundo, ¿en manos de quien está el dinero?

Una de las primeras sorpresas ha aparecido en el siguiente dato: el 74% de la riqueza mundial está en manos del 20% de la población. En la otra cara de la moneda aparece un 20% de la población a la que solamente le llega el 2% de la riqueza; el 60% restante de la población se reparte el 24% restante de los ingresos.

Se me ocurre que la crisis económica de la que tanto se habla en estos tiempos afectará especialmente a los que poseen la riqueza, es decir, a ese 20% que posee dicho 74%, porque el que no lo tiene, dificilmente lo va a perder…

Asimismo, me he encontrado esta presentación fotográfica sobre la distribución de la riqueza en base a los alimentos que consume una familia media en una semana, llenando de contenido la famosa frase que dice que “una imagen vale más que mil palabras”  

Alemania 544,31 $

”distribucion riqueza”

Estados Unidos 341,98 $

”distribucion riqueza”

Japón 317,25 $

”distribucion riqueza”

Italia 310 $

”distribucion riqueza”

Inglaterra 253 $

”distribucion riqueza”

Kuwait 222 $

”distribucion riqueza”

México 189 $

”distribucion riqueza”

China 155 $

”distribucion riqueza”

Polonia 151 $

”distribucion riqueza”

Egipto 68,53 $

”distribucion riqueza”

Mongolia 40 $

”distribucion riqueza”

Ecuador 31,55 $

”distribucion riqueza”

Bután 5,03 $

”distribucion riqueza”

Chad 1,23 $

”distribucion riqueza”

* Imágenes de Peter Menzel y Faith Aluisio para el libro “Hungry Planet: What the world eats” 

Que la distribución de la riqueza en el mundo es injusta es evidente, para poderla distribuir bien primero hay que tenerla en nuestras manos y, seguramente para conseguirla hay que conocer nuestro objetivo. Si así fuera, ¿cómo distribuiría yo mi propia riqueza?

Maru Canales

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