Tus hijos

15,febrero 2009

Me ha hecho mucha gracia recibir este escrito de Khalil Gibran sobre los hijos, he recordado cuando tenía 13 años y me compré un póster con él, que acabo colgado durante años en mi habitación, reconozco que se trataba de una indirecta para mis padres.

Lo cierto es que, aunque no dejen de sorprenderme, a mis sutilezas ya estoy bastante acostumbrada. Lo que de verdad me ha hecho gracia es que desde la infancia apuntase maneras con esto del Feng Shui…

hijos

Tus hijos no son tus hijos

son hijos e hijas de la vida

deseosa de sí misma.

No vienen de ti, sino a través de ti

y aunque estén contigo

no te pertenecen.

Puedes darles tu amor,

pero no tus pensamientos, pues,

ellos tienen sus propios pensamientos.

Puedes abrigar sus cuerpos, pero no sus almas,

porque ellas, viven en la casa del mañana,

que no pueden visitar ni siquiera en sueños.

Puedes esforzarte en ser como ellos,

pero no procures hacerlos semejantes a ti

porque la vida no retrocede, ni se detiene en el ayer.

Tú eres el arco del cual, tus hijos como flechas vivas son lanzados.

Deja que la inclinación en tu mano de arquero

sea para la felicidad.  

Khalil Gibran

Como madre, aunque a veces me cueste o no sepa exactamente cual es el punto de tensión que he de mantener en el arco, si sé que lo intento con todo mí ser. Recordar este escrito me ha ayudado en momentos difíciles. Por ello, lo cuelgo en el blog, para compartirlo y tenerlo a mano asegurándome que no se me olvide y dejando que me inspire en la representación de esta aspiración en mi casa.

Maru Canales

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El hombre que tenía mala suerte

16,octubre 2007

Decíamos en el artículo titulado Padres e Hijos que “los contadores de historias son vendedores de sueños”. Buscando cuentos para contar a mis hijos, he encontrado (en el Blog de Gallaecus) este que ha tenido un gran éxito con ellos y me gustaría compartir con vosotros.

Aprovecho para ilustrar el cuento con la obra de Magritte “False Mirror” (Espejo Falso), no solo porque me encanta, sino porque además creo que refleja muy bien la moraleja del cuento. 

 

Érase una vez un hombre que siempre tenía mala suerte. Los años iban pasando y aunque se esforzaba mucho, todo era en vano, seguía teniendo mala suerte. Después de darle muchas vueltas, llegó a la conclusión de que necesitaba ayuda. ¿Y…, quién era más indicado para prestársela que Dios?

Así que el hombre decidió ir a ver a Dios para pedirle que le cambiara su mala suerte. A la mañana siguiente se puso en marcha. Caminó durante mucho tiempo, hasta que al cabo de algunos días llegó a la selva y abriéndose paso entre la maleza, escuchó de repente una voz estridente:

– “¡Oooooooh….oooooooohh!”

Asombrado buscó el origen de esa voz pensando que a lo mejor alguien podía estar necesitando su ayuda. Encontró un lobo raquítico, se le podían contar las costillas y el pelo se le caía a mechones.

– ¿Qué te pasa lobo?, le preguntó.

– Estoy mal, de un tiempo a esta parte todo me va mal. No tienes más que observar mi aspecto…, contestó el lobo.

– No hace falta que me cuentes nada más, yo también tengo mala suerte. Por eso voy a ver a Dios, a pedirle que me cambie la suerte.

– Por favor, pídele también un consejo para mí, le rogó el lobo

El Hombre le dijo al lobo que así lo haría y siguió su camino hasta llegar a un árbol en cuya sombra pensó en descansar. Se recostó y en cuanto cerró los ojos oyó una voz:

– ¡Oooooooohh! ¡Ooooooooohh!

Aunque el hombre abrió los ojos pero no pudo ver a nadie a su alrededor. Al cabo de un rato volvió a escuchar el quejido y así sucedió una y otra vez, hasta que por fin se le ocurrió preguntar al árbol si era él.

– Sí, yo soy. Contestó el árbol. Últimamente todo me va mal, mira mis ramas torcidas y mis hojas marchitas

– ¡No sigas! Ya sé de qué me estás hablando. Yo también tengo mala suerte, por eso voy a pedirle a Dios que me la cambie.

– Por favor, pídele también un consejo para mí. Le pidió el árbol.

Y prometiéndole al árbol que así lo haría siguió su camino durante días hasta llegar a un precioso valle, en donde descubrió una casa muy acogedora. Al acercarse vio que delante de la casa estaba una mujer muy hermosa que parecía esperarle.

– Ven, viajero, ven a descansar. Le insistió la mujer.

Con el cansancio acumulado de tantos días de viaje, el hombre aceptó de buen grado. Pasaron una velada muy especial, disfrutó de una buena comida y de una agradable charla en la que la mujer le contó lo triste y sola que se sentía. Cuando el la contó el motivo de su viaje, ésta también le pidió que un consejo para ella.

A la mañana siguiente el hombre emprendió de nuevo su viaje, caminó días hasta que llegó al Fin del Mundo. Se asomó, miró hacia abajo, a la derecha, a la izquierda y hacia arriba, pero no pudo ver nada que no fueran estrellas. De repente se formó una nube enfrente de él que fue tomando la forma de la cara de un hombre.

– ¿Eres Dios?, preguntó tímidamente

– Sí, yo soy, le contestó una voz procedente de la nube.

– Las cosas me van mal y he venido para pedirte que cambies mi suerte, siguió el hombre.

De acuerdo, te daré la clave que te cambiará la suerte, tienes que estar muy atento y buscar tu buena suerte

El hombre entusiasmado por haber recibido la clave de su suerte emprendió rápidamente el camino de vuelta a casa, quería llegar cuanto antes y comprobar que su suerte había cambiado. Al pasar por delante de la casa del valle, la mujer le preguntó cual era el consejo para ella, a lo que él contestó:

– Me dijo que lo que te faltaba era un hombre, un compañero que compartiera la vida contigo aquí en este valle.

La mujer se emocionó pensando que ahí mismo tenia a su hombre, pero este salió corriendo y gritando: he visto a Dios y me ha prometido que me va a cambiar la suerte, sólo me pidió que estuviera atento, ahora tengo que irme, he de buscarla.

Siguió corriendo hasta llegar a donde estaba el árbol quien también le preguntó por su consejo y así le explicó que debajo de tus raíces había un enorme tesoro que le impedía crecer.

El árbol le pidió que sacase el tesoro de sus raíces y que por supuesto se lo podría llevar. Pero el hombre disculpándose empezó a correr, tenía prisa por llegar a casa y ver si habría cambiado su suerte realmente.

Finalmente se encontró de nuevo con el lobo y le explicó todo lo que había pasado hasta entonces. Cuando acabó su relato e l lobo le preguntó:

– ¿Y para mí…., para mí no te dio un consejo?

¡Ah, si!, me dijo que para ponerte de nuevo fuerte sólo tenías que hacer una cosa, comerte a la criatura más estúpida de la tierra, entonces te irá todo bien.

Así el lobo hizo un gran esfuerzo por levantarse, se abalanzó sobre el hombre y lo devoró.

Maru Canales

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Padres e hijos

17,septiembre 2007

“Los hijos no necesitan padres impresionantes, sino seres humanos que hablan su lenguaje y sean capaces de penetrar en su corazón”

Anualmente archivamos millones de experiencias, negativas o positivas, involuntariamente. El aprendizaje depende del registro diario de miles de estímulos externos (visuales, auditivos, táctiles) e internos (pensamientos y emociones).

Así como en los ordenadores podemos decidir que guardar, en la memoria humana se registra todo involuntariamente, lo que captamos queda registrado automáticamente.
feng shui hijos

Como los medios de comunicación saben muy bien, todas las experiencias que contienen un alto tono emocional originan un almacenamiento privilegiado en nuestra memoria. De ahí, que el amor o el odio, la alegría o la angustia provoquen un registro intenso.

Nuestros hijos fotografían cada momento y todo aquello que han registrado ya no puede borrarse, como mucho puede ser reeditado por nuevas experiencias basadas en las viejas. Por ello, es muy importante que pensemos en la educación que queremos darles, en que nuestras palabras y acciones diarias sean coherentes. Además, si lo creemos oportuno, podremos reflejarlo en nuestra vivienda a través de la técnica de Feng Shui (la aspiración de los hijos se representa en el mismo lugar que la creatividad).

Este es el planteamiento del famoso psiquiatra Augusto Cury en el libro “Padres brillantes, maestros fascinantes”, que nos propone siete hábitos de ayuda:

  • Los buenos padres dan regalos, los padres brillantes ofrecen su propio ser

Dar a nuestros hijos aquello que no se puede comprar con dinero: nuestro ser, nuestra historia, nuestras experiencias, nuestro tiempo… Dejemos que nuestros hijos compartan nuestra vida, ninguna técnica psicológica funcionará si el amor no funciona

  • Los buenos padres nutren el cuerpo, los padres brillantes nutren la personalidad

Todo lo que toca la emocionalidad afecta drásticamente a la memoria y constituirá la personalidad. Nuestros hijos están en contacto diario con miles de estímulos seductores que tratan su memoria como un cubo de basura. Así encontramos jóvenes angustiados por sus resultados escolares, su aspecto físico, su falta de afectividad… toda una serie de condicionantes que reflejan su falta de autoestima y como resultado su falta de alegría

“Prepara a tus hijos para ser, el mundo los preparará para tener”

Actualmente ser unos padres inteligentes, de éxito y sanos no es garantía para que nuestros hijos desarrollen una personalidad sana.

  • Los buenos padres corrigen errores, los padres brillantes enseñan a pensar

Insistimos en educar a nuestros hijos como si fueran aparatos lógicos que solo necesitan seguir un manual de reglas: nosotros nos pasamos años diciendo lo mismo y ellos repitiendo los mismos fallos.

“Educar no es repetir palabras, es crear ideas, es encantar”

Necesitamos utilizar la creatividad y la sinceridad para llegar a sus emociones, para superar sus expectativas.

“Si educas la inteligencia emocional de tus hijos con elogios cuando esperan un enfado, con aliento cuando esperan una reacción agresiva, con una actitud afectuosa cuando esperan un ataque de rabia, se quedarán encantados y verán en ti a una persona con grandeza. Los padres se vuelven así agentes de cambio.”

Inteligencia Emocional, Goleman

  • Los buenos padres preparan a sus hijos para los aplausos, los padres brillantes preparan a los hijos para los fracasos

Si los padres no sabemos aceptar nuestros errores no podremos enseñar a nuestros hijos a aceptar los suyos y crecer con ellos. Si no pedimos disculpas no podremos enseñar como no ser arrogantes, si no admitimos nuestra inseguridad no podremos enseñarlos a trascender en sus fracasos…

“La capacidad de quejarse es el abono de la miseria emocional, y la capacidad de agradecer, el combustible de la felicidad”

Tenemos que enseñar a nuestros hijos que la felicidad no es casualidad, que se puede perseguir y que se encuentra en las pequeñas grandes cosas de la vida, en las flores, en la luna, en los abrazos amigos, en las sonrisas…

  • Los buenos padres conversan, los padres brillantes dialogan como amigos

Muchos padres e hijos conviven en el mismo techo pero viven en mundos lejanos, el condimento indispensable para unir esos dos mundos y construir una relación sana es el diálogo.

“Conversar es hablar sobre el mundo que nos rodea, dialogar es hablar sobre el mundo que somos”

“Dialogar es contar experiencias, es hablar de lo que está oculto en el corazón, es penetrar más allá de la cortina de los comportamientos, es desarrollar inteligencia interpersonal”

Inteligencias múltiples: La teoría en la práctica, Gardner

  • Los buenos padres dan información, los padres brillantes cuentan historias

El Maestro de los maestros fue un excelente educador porque era un narrador de parábolas. Todas las que contó hace dos mil años eran ricas historias que abrían el abanico de la inteligencia, destruían prejuicios y estimulaban el pensamiento. Ese es uno de los secretos por los cuales vivía rodeado de jóvenes.

Todos necesitamos un sueño por el que vivir, los contadores de historias son vendedores de sueños…

  • Los buenos padres dan oportunidades, los padres brillantes nunca desisten

Este punto recuerda a la parábola del hijo pródigo. A veces, los padres somos los únicos que podemos ver el potencial escondido de nuestros hijos. Sembramos semillas con la esperanza de que algún día estas germinarán. Mientras esto sucede sufrimos por ellos y necesitamos cargarnos de una gran dosis de paciencia que nos aporta el gran amor que sentimos por ellos.

Lamentablemente no existen escuelas para que los padres aprendamos a educar con total garantía de éxito. La situación actual es bastante complicada, nunca en la historia habíamos visto a niños y jóvenes dominando de tal manera a los adultos. Hemos de aprender a decir no sin miedo, a no ceder a sus chantajes, a poner límites… Si no lo hacemos nosotros como podrán afrontar la vida en la sociedad actual…

Educar requiere tiempo de dedicación y esfuerzo por nuestra parte, aunque seguramente pocas actividades sean tan gratificantes. Enchufar a los niños a la televisión es cómodo, pero no es rentable a medio-largo plazo, nos aporta demasiados problemas.

Espero que esta información nos ayude a ser padres excelentes:

“Un educador excelente no es un ser humano perfecto, sino alguien que tiene serenidad para darse y sensibilidad para aprender”

Maru Canales

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Los niños nos imitan

15,julio 2007

Decía Steve Jobs que todo el mundo necesita un sueño, un objetivo que le ayude a mejorar, a realizar aquello que realmente quiere. Para los que somos padres, encontrar este objetivo en  nuestros hijos suele ser fácil, encontramos en ellos nuestra gran motivación para superarnos.

La mayor parte de nuestro pensamiento es involuntario, repetitivo y automático. Pero además, ese pensamiento provoca una reacción de nuestro cuerpo, las emociones. Estas son las dos dimensones del “ego”: el pensamiento y las emociones.

Cuando nos identificamos con nuestro pensamiento y emociones, dejamos que el ego y la inconsciencia diriga nuestra vida. Antes de ceder semejante responsabilidad deberíamos saber como funciona el ego, entre otras cosas, se alimenta de inflingir y provocar sufrimiento a nosotros y a los que nos rodean.

Lamentablemente ese es el futuro de millones de niños en nuestra sociedad, sufrir el ego incontrolado de sus padres y aprender como alimentar el suyo propio… El siguiente video, pertenece a una campaña que se hizo en Australia para concienciar a la población de la importancia de la educación infantil. Es, sin duda, un claro ejemplo de la actuación inconsciente del ego:

Probablemente la mejor fórmula para controlar nuestro ego sea conociendo su funcionamiento y reconociéndolo después en nosotros. En este sentido, a mí me ha ayudado mucho la lectura de dos libros de Eckhat Tolle , “El Poder del Ahora” y “Un Nuevo Mundo Ahora”.

Al publicar “Padres e Hijos” he repasado este artículo y me ha parecido oportuno reeditarlo con la aportación de alguno de los comentarios que surgieron entonces. Se trata de un corto español titulado “Papás y mamás”, en él se refleja la dureza del día a día de niños rodeados de la inconsciencia de algunos adultos.

“Hay miles de estudios que demuestran que la atmósfera de infelicidad dentro de la familia es más nociva para los niños que una ruptura franca, que les enseña, por lo menos, que el hombre es capaz de poner fin  a una situación intolerable por medio de una decisión valiente”

El Arte de Amar, Erich Fromm

 

 

Después siempre podremos practicar Feng Shui, a través de algún objeto que nos recuerde nuestro nuevo modelo de comportamiento. La aspiración del compromiso y del matrimonio se representa en el Suroeste y la aspiración de los hijos se representa en el Oeste, coincidiendo con la creatividad.

Maru Canales

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