Feng Shui en la decoración infantil, II

20,abril 2009

Sobre las Imágenes en la habitación de los niños…

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“La técnica de Feng Shui nos invita a entender el espacio físico como un medio de comunicación, en este sentido que mejor que elegir imágenes que apoyen nuestros mensajes de educación, que reflejen aquellos valores que les queremos trasmitir a nuestros hijos. Ya sabemos que una imagen vale más que mil palabras y, un ejemplo, más que mil imágenes.”

(Textos del Manuscrito original de “Feng Shui en la vida”, Editorial CEAC Enero 2010, enlace )

Maru Canales

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Tus hijos

15,febrero 2009

Me ha hecho mucha gracia recibir este escrito de Khalil Gibran sobre los hijos, he recordado cuando tenía 13 años y me compré un póster con él, que acabo colgado durante años en mi habitación, reconozco que se trataba de una indirecta para mis padres.

Lo cierto es que, aunque no dejen de sorprenderme, a mis sutilezas ya estoy bastante acostumbrada. Lo que de verdad me ha hecho gracia es que desde la infancia apuntase maneras con esto del Feng Shui…

hijos

Tus hijos no son tus hijos

son hijos e hijas de la vida

deseosa de sí misma.

No vienen de ti, sino a través de ti

y aunque estén contigo

no te pertenecen.

Puedes darles tu amor,

pero no tus pensamientos, pues,

ellos tienen sus propios pensamientos.

Puedes abrigar sus cuerpos, pero no sus almas,

porque ellas, viven en la casa del mañana,

que no pueden visitar ni siquiera en sueños.

Puedes esforzarte en ser como ellos,

pero no procures hacerlos semejantes a ti

porque la vida no retrocede, ni se detiene en el ayer.

Tú eres el arco del cual, tus hijos como flechas vivas son lanzados.

Deja que la inclinación en tu mano de arquero

sea para la felicidad.  

Khalil Gibran

Como madre, aunque a veces me cueste o no sepa exactamente cual es el punto de tensión que he de mantener en el arco, si sé que lo intento con todo mí ser. Recordar este escrito me ha ayudado en momentos difíciles. Por ello, lo cuelgo en el blog, para compartirlo y tenerlo a mano asegurándome que no se me olvide y dejando que me inspire en la representación de esta aspiración en mi casa.

Maru Canales

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De mayor quiero ser…

19,octubre 2008

feng shui

No recuerdo lo que quería ser de mayor cuando era pequeña pero estoy segura que nunca se me ocurrió contestar socióloga y, mucho menos “maestra de feng shui”. Lo cierto es que todavía no tengo muy claro que seré cuando sea mayor, aunque poco a poco voy perfilando “como quiero ser”.

Una amiga me contaba que el colegio en el que pasas toda la infancia es muy importante a la hora de conseguir pistas sobre nuestra verdadera vocación. Tiene bastante sentido, se trata de una energía que durante años vas captando día tras día. Pues bien, yo asistí a dos colegios, hasta los ocho años al “Colegio Cervantes”, supongo que aquí está el origen de mi vena creativa. El segundo colegio se llamaba Los Sagrados Corazones, de Jesús y de Maria. Probablemente no me acordaré de todos los ríos y afluentes de España o de hacer una raíz cuadrada sin calculadora…, pero si recuerdo el lema del colegio: “Contemplar, vivir y anunciar el amor”.

Mi recuerdo se basa en los sentimientos que me embargaban el pecho, que me emocionaban y que viví por primera vez entre aquellos muros y jardines. No dudo que fueron la semilla de lo que hoy siento al levantarme por la mañana y recibir un beso de mis hijos, al contemplar la alegría de mi perro al verme, al disfrutar de la compañía de mis amigos, tener el privilegio de acompañar a otros en su desarrollo personal o simplemente ver un cielo azul o nublado… ambos son especiales.  

Hoy me doy cuenta que durante años intenté olvidar estos sentimientos, relegándolos a la niñez…, quizá pensando que la vida de adulto era otra cosa. Pero que difícil es pasar de algo cuando lo has probado y satisface y, cuando “la otra cosa” no funciona, especialmente cuando aquel sentimiento infantil vuelve y te invade.

En esta ocasión intentas que ya no se te vuelva a escapar, lo invitas a todas las áreas de tu vida, intentas zambullirte en él y, como todo lo que funciona en tu vida, no puedes resistirte a gritar a los cuatro vientos que funciona.

Así es como me he dado cuenta que no es tan importante lo que hago sino como lo hago. Intentando salir de la tristeza que me impuse, al negarme a vivir y sentir mis emociones, recordé que el amor es la energía que mueve el mundo, mi mundo, a mi misma y a los que me rodean.

Había acabado este artículo aquí. Hoy al repasarlo para su publicación me he quedado perpleja al ver la similitud entre el lema del colegio y el lema que yo misma elaboré para mi tras un proceso de coaching personal: “Vivir la vida, con amor y humor de forma natural y, compartirla”

Maru Canales

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Un padre excelente: Dick Hoyt

24,octubre 2007

Creo que esta es la historia más emocionante de todas las que he escrito desde que inauguré este blog, se trata de un autentico padre coraje, se llama Dick Hoyt. Su hijo, Rick nació con el cordón umbilical alrededor del cuello, de tal forma que su cerebro se quedó sin oxigeno un momento. Los médicos le comunican que no habría posibilidades de desarrollo para el bebe.

Pero cuando Rick cumplía cinco años, sus padres ya se habían convencido que él era tan inteligente como el resto de sus hermanos. Así decidieron hacer que su vida fuera lo más normal posible y empezó la lucha por conseguir un colegio que lo admitiese.

“Todo el mundo debe ser incluido en la vida cotidiana”

Dick Hoyt

Gracias a la tecnología, Rick pudo empezar a comunicarse y trasmitir su amor hacia el deporte. Al cabo de unos años, le pide a su padre participar en una carrera benéfica para minusválidos. Después de la carrera Rick comenta que cuando estaba corriendo (su padre corría empujando su silla de ruedas) no se sentía un minusválido sino un competidor.

Aquí comienza la carrera de competiciones de este equipo, el Team Hoyt, formado por padre e hijo, participando en maratones y triatlones, que podemos ver en el siguiente video. No os lo perdáis, todo lo que este video es capaz de despartarnos, positivismo, emoción, fuerza, amor…, está dentro de cada uno de nosotros, solo hay que atreverse a vivirlo.  

Rick Hoyt se graduó en la Universidad de Boston en 1993 en educación especial, actualmente trabaja en el laboratorio de ordenadores de dicha Universidad, ayudando a desarrollar sistemas informáticos que ayuden a gente como él a comunicarse.

“Mi padre es uno de mis modelos a imitar. Una vez que ha decidido hacer algo, lucha hasta el final, hasta que lo consigue”

¿Os imagináis en una de estas competiciones con 65 años, corriendo 26 millas empujando una silla, 116 kilómetros de bicicleta con el peso extra de un adulto y para terminar nadando 2,5 km arrastrando una balsa?  A la energía necesaria para hacer todo esto se la conoce como “la fuerza del amor”, se trata de la energía más poderosa del universo. Todos nacemos con esta energía que no se encuentra en el entorno, sino dentro de nosotros mismos, solo tenemos que ejercitarla…

Después de ver las imágenes, ¿no tienes la sensación de esa fuerza, de que serias capaz de hacer lo que te propongas?

Dick, ¡GRACIAS POR TU EJEMPLO!

Maru Canales

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El hombre que tenía mala suerte

16,octubre 2007

Decíamos en el artículo titulado Padres e Hijos que “los contadores de historias son vendedores de sueños”. Buscando cuentos para contar a mis hijos, he encontrado (en el Blog de Gallaecus) este que ha tenido un gran éxito con ellos y me gustaría compartir con vosotros.

Aprovecho para ilustrar el cuento con la obra de Magritte “False Mirror” (Espejo Falso), no solo porque me encanta, sino porque además creo que refleja muy bien la moraleja del cuento. 

 

Érase una vez un hombre que siempre tenía mala suerte. Los años iban pasando y aunque se esforzaba mucho, todo era en vano, seguía teniendo mala suerte. Después de darle muchas vueltas, llegó a la conclusión de que necesitaba ayuda. ¿Y…, quién era más indicado para prestársela que Dios?

Así que el hombre decidió ir a ver a Dios para pedirle que le cambiara su mala suerte. A la mañana siguiente se puso en marcha. Caminó durante mucho tiempo, hasta que al cabo de algunos días llegó a la selva y abriéndose paso entre la maleza, escuchó de repente una voz estridente:

– “¡Oooooooh….oooooooohh!”

Asombrado buscó el origen de esa voz pensando que a lo mejor alguien podía estar necesitando su ayuda. Encontró un lobo raquítico, se le podían contar las costillas y el pelo se le caía a mechones.

– ¿Qué te pasa lobo?, le preguntó.

– Estoy mal, de un tiempo a esta parte todo me va mal. No tienes más que observar mi aspecto…, contestó el lobo.

– No hace falta que me cuentes nada más, yo también tengo mala suerte. Por eso voy a ver a Dios, a pedirle que me cambie la suerte.

– Por favor, pídele también un consejo para mí, le rogó el lobo

El Hombre le dijo al lobo que así lo haría y siguió su camino hasta llegar a un árbol en cuya sombra pensó en descansar. Se recostó y en cuanto cerró los ojos oyó una voz:

– ¡Oooooooohh! ¡Ooooooooohh!

Aunque el hombre abrió los ojos pero no pudo ver a nadie a su alrededor. Al cabo de un rato volvió a escuchar el quejido y así sucedió una y otra vez, hasta que por fin se le ocurrió preguntar al árbol si era él.

– Sí, yo soy. Contestó el árbol. Últimamente todo me va mal, mira mis ramas torcidas y mis hojas marchitas

– ¡No sigas! Ya sé de qué me estás hablando. Yo también tengo mala suerte, por eso voy a pedirle a Dios que me la cambie.

– Por favor, pídele también un consejo para mí. Le pidió el árbol.

Y prometiéndole al árbol que así lo haría siguió su camino durante días hasta llegar a un precioso valle, en donde descubrió una casa muy acogedora. Al acercarse vio que delante de la casa estaba una mujer muy hermosa que parecía esperarle.

– Ven, viajero, ven a descansar. Le insistió la mujer.

Con el cansancio acumulado de tantos días de viaje, el hombre aceptó de buen grado. Pasaron una velada muy especial, disfrutó de una buena comida y de una agradable charla en la que la mujer le contó lo triste y sola que se sentía. Cuando el la contó el motivo de su viaje, ésta también le pidió que un consejo para ella.

A la mañana siguiente el hombre emprendió de nuevo su viaje, caminó días hasta que llegó al Fin del Mundo. Se asomó, miró hacia abajo, a la derecha, a la izquierda y hacia arriba, pero no pudo ver nada que no fueran estrellas. De repente se formó una nube enfrente de él que fue tomando la forma de la cara de un hombre.

– ¿Eres Dios?, preguntó tímidamente

– Sí, yo soy, le contestó una voz procedente de la nube.

– Las cosas me van mal y he venido para pedirte que cambies mi suerte, siguió el hombre.

De acuerdo, te daré la clave que te cambiará la suerte, tienes que estar muy atento y buscar tu buena suerte

El hombre entusiasmado por haber recibido la clave de su suerte emprendió rápidamente el camino de vuelta a casa, quería llegar cuanto antes y comprobar que su suerte había cambiado. Al pasar por delante de la casa del valle, la mujer le preguntó cual era el consejo para ella, a lo que él contestó:

– Me dijo que lo que te faltaba era un hombre, un compañero que compartiera la vida contigo aquí en este valle.

La mujer se emocionó pensando que ahí mismo tenia a su hombre, pero este salió corriendo y gritando: he visto a Dios y me ha prometido que me va a cambiar la suerte, sólo me pidió que estuviera atento, ahora tengo que irme, he de buscarla.

Siguió corriendo hasta llegar a donde estaba el árbol quien también le preguntó por su consejo y así le explicó que debajo de tus raíces había un enorme tesoro que le impedía crecer.

El árbol le pidió que sacase el tesoro de sus raíces y que por supuesto se lo podría llevar. Pero el hombre disculpándose empezó a correr, tenía prisa por llegar a casa y ver si habría cambiado su suerte realmente.

Finalmente se encontró de nuevo con el lobo y le explicó todo lo que había pasado hasta entonces. Cuando acabó su relato e l lobo le preguntó:

– ¿Y para mí…., para mí no te dio un consejo?

¡Ah, si!, me dijo que para ponerte de nuevo fuerte sólo tenías que hacer una cosa, comerte a la criatura más estúpida de la tierra, entonces te irá todo bien.

Así el lobo hizo un gran esfuerzo por levantarse, se abalanzó sobre el hombre y lo devoró.

Maru Canales

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