Buena suerte, mala suerte…

6,abril 2008

Había una vez un hombre que vivía con su hijo en una casita del campo. Se dedicaba a trabajar la tierra y tenía un caballo para la labranza y para cargar los productos de la cosecha, era su bien más preciado. Un día el caballo se escapó saltando por encima de las bardas que hacían de cuadra.

El vecino que se percató de este hecho corrió a la casa del hombre para avisarle:

-Tu caballo se escapó, ¿que harás ahora para trabajar el campo sin él? Se te avecina un invierno muy duro, ¡qué mala suerte has tenido!

El hombre lo miró y le dijo:

-Buena suerte, mala suerte, ¿quien sabe?

Pasó algún tiempo y el caballo volvió a su redil con diez caballos salvajes más. El vecino al observar esto, otra vez llamó al hombre y le dijo:

-No solo recuperaste tu caballo, sino que ahora tienes diez caballos más, podrás vender y criar, ¡qué buena suerte has tenido!

El hombre lo miró y le dijo:

-Buena suerte, mala suerte, ¿quien sabe?

Unos días más tarde el hijo montaba uno de los caballos salvajes para domarlo y calló al suelo partiéndose una pierna. Otra vez el vecino fue a decirle:

-¡Qué mala suerte has tenido!, tras el accidente tu hijo no podrá ayudarte, tu eres ya viejo y sin su ayuda tendrás muchos problemas para realizar todos los trabajos.

El hombre, otra vez lo miró y dijo:

-Buena suerte, mala suerte, ¿quien sabe?

Pasó el tiempo y estalló la guerra con el país vecino de manera que el ejército empezó a reclutar jóvenes para llevarlos al campo de batalla. Al hijo del vecino se lo llevaron por estar sano y al accidentado se le declaró no apto. Nuevamente el vecino corrió diciendo:

-Se llevaron a mi hijo por estar sano y al tuyo lo rechazaron por su pierna rota. ¡Qué buena suerte has tenido!

Otra vez el hombre lo miró diciendo:

-Buena suerte, mala suerte, ¿quien sabe?

Este cuento sufí me parece una joya que nos aporta numerosas lecturas, además de la facilidad con la que emitimos nuestros juicios (aunque juzgar enferma, como explicamos en El lenguaje de la salud)  nos recuerda que la suerte no siempre llega de la forma esperada, sobre todo cuando dejamos que no dependa de nosotros.

Por otro lado, existe una creencia bastante generalizada sobre la técnica de Feng Shui y su relación con la suerte, pero como comentamos en el artículo Feng Shui: la formula mágica, dudo que la efectividad de practicar Feng Shui se deba a la suerte.

Maru Canales

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Feng Shui


El hombre que tenía mala suerte

16,octubre 2007

Decíamos en el artículo titulado Padres e Hijos que “los contadores de historias son vendedores de sueños”. Buscando cuentos para contar a mis hijos, he encontrado (en el Blog de Gallaecus) este que ha tenido un gran éxito con ellos y me gustaría compartir con vosotros.

Aprovecho para ilustrar el cuento con la obra de Magritte “False Mirror” (Espejo Falso), no solo porque me encanta, sino porque además creo que refleja muy bien la moraleja del cuento. 

 

Érase una vez un hombre que siempre tenía mala suerte. Los años iban pasando y aunque se esforzaba mucho, todo era en vano, seguía teniendo mala suerte. Después de darle muchas vueltas, llegó a la conclusión de que necesitaba ayuda. ¿Y…, quién era más indicado para prestársela que Dios?

Así que el hombre decidió ir a ver a Dios para pedirle que le cambiara su mala suerte. A la mañana siguiente se puso en marcha. Caminó durante mucho tiempo, hasta que al cabo de algunos días llegó a la selva y abriéndose paso entre la maleza, escuchó de repente una voz estridente:

– “¡Oooooooh….oooooooohh!”

Asombrado buscó el origen de esa voz pensando que a lo mejor alguien podía estar necesitando su ayuda. Encontró un lobo raquítico, se le podían contar las costillas y el pelo se le caía a mechones.

– ¿Qué te pasa lobo?, le preguntó.

– Estoy mal, de un tiempo a esta parte todo me va mal. No tienes más que observar mi aspecto…, contestó el lobo.

– No hace falta que me cuentes nada más, yo también tengo mala suerte. Por eso voy a ver a Dios, a pedirle que me cambie la suerte.

– Por favor, pídele también un consejo para mí, le rogó el lobo

El Hombre le dijo al lobo que así lo haría y siguió su camino hasta llegar a un árbol en cuya sombra pensó en descansar. Se recostó y en cuanto cerró los ojos oyó una voz:

– ¡Oooooooohh! ¡Ooooooooohh!

Aunque el hombre abrió los ojos pero no pudo ver a nadie a su alrededor. Al cabo de un rato volvió a escuchar el quejido y así sucedió una y otra vez, hasta que por fin se le ocurrió preguntar al árbol si era él.

– Sí, yo soy. Contestó el árbol. Últimamente todo me va mal, mira mis ramas torcidas y mis hojas marchitas

– ¡No sigas! Ya sé de qué me estás hablando. Yo también tengo mala suerte, por eso voy a pedirle a Dios que me la cambie.

– Por favor, pídele también un consejo para mí. Le pidió el árbol.

Y prometiéndole al árbol que así lo haría siguió su camino durante días hasta llegar a un precioso valle, en donde descubrió una casa muy acogedora. Al acercarse vio que delante de la casa estaba una mujer muy hermosa que parecía esperarle.

– Ven, viajero, ven a descansar. Le insistió la mujer.

Con el cansancio acumulado de tantos días de viaje, el hombre aceptó de buen grado. Pasaron una velada muy especial, disfrutó de una buena comida y de una agradable charla en la que la mujer le contó lo triste y sola que se sentía. Cuando el la contó el motivo de su viaje, ésta también le pidió que un consejo para ella.

A la mañana siguiente el hombre emprendió de nuevo su viaje, caminó días hasta que llegó al Fin del Mundo. Se asomó, miró hacia abajo, a la derecha, a la izquierda y hacia arriba, pero no pudo ver nada que no fueran estrellas. De repente se formó una nube enfrente de él que fue tomando la forma de la cara de un hombre.

– ¿Eres Dios?, preguntó tímidamente

– Sí, yo soy, le contestó una voz procedente de la nube.

– Las cosas me van mal y he venido para pedirte que cambies mi suerte, siguió el hombre.

De acuerdo, te daré la clave que te cambiará la suerte, tienes que estar muy atento y buscar tu buena suerte

El hombre entusiasmado por haber recibido la clave de su suerte emprendió rápidamente el camino de vuelta a casa, quería llegar cuanto antes y comprobar que su suerte había cambiado. Al pasar por delante de la casa del valle, la mujer le preguntó cual era el consejo para ella, a lo que él contestó:

– Me dijo que lo que te faltaba era un hombre, un compañero que compartiera la vida contigo aquí en este valle.

La mujer se emocionó pensando que ahí mismo tenia a su hombre, pero este salió corriendo y gritando: he visto a Dios y me ha prometido que me va a cambiar la suerte, sólo me pidió que estuviera atento, ahora tengo que irme, he de buscarla.

Siguió corriendo hasta llegar a donde estaba el árbol quien también le preguntó por su consejo y así le explicó que debajo de tus raíces había un enorme tesoro que le impedía crecer.

El árbol le pidió que sacase el tesoro de sus raíces y que por supuesto se lo podría llevar. Pero el hombre disculpándose empezó a correr, tenía prisa por llegar a casa y ver si habría cambiado su suerte realmente.

Finalmente se encontró de nuevo con el lobo y le explicó todo lo que había pasado hasta entonces. Cuando acabó su relato e l lobo le preguntó:

– ¿Y para mí…., para mí no te dio un consejo?

¡Ah, si!, me dijo que para ponerte de nuevo fuerte sólo tenías que hacer una cosa, comerte a la criatura más estúpida de la tierra, entonces te irá todo bien.

Así el lobo hizo un gran esfuerzo por levantarse, se abalanzó sobre el hombre y lo devoró.

Maru Canales

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Una flor, un pensamiento

3,octubre 2007

Maru Canales

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Feng Shui: la formula mágica

30,septiembre 2007

 

“No es que no nos atrevamos porque las cosas son difíciles.

Más bien las hacemos difíciles cuando no nos atrevemos”

Séneca

Creo que esta frase de Séneca describe muy bien lo que muchos opinan sobre la aplicación del Feng Shui, es una técnica tan complicada que es imposible de aplicar… Sin embargo, esta técnica nos ofrece infinitas posibilidades, eso sí, todas ellas comportan acción y cambio.

La fórmula del éxito en la aplicación de la técnica de Feng Shui es bien sencilla:  
 

I + A = R

INFORMACIÓN + ACCIÓN = RESULTADOS

 INFORMACIÓN

Se nutre de dos vías:

  • El Profesional de Feng Shui nos proporciona información sobre como funciona nuestro entorno, para sacarle el máximo partido y que nos sintamos apoyados por lo que nos rodea. En mi opinión, esta información debe de llegar al fondo de las cuestiones que nos ocupen, aunque nosotros creamos que no tenemos posibilidades reales de cambio.
  • Necesitamos conocer nuestras aspiraciones, qué es lo que realmente queremos conseguir. Lógicamente, cuanto mejor nos conozcamos más fácil nos será representar nuestras aspiraciones en el entorno y conseguir nuestros objetivos. De ahí que en este blog hablemos a menudo de lo que algunos llamáis “ideas relacionadas”.

ACCIÓN

De nuevo, hay dos vías:

  • El Consultor de Feng Shui nos informa y valora con nosotros las posibilidades de acción de acuerdo con lo que queremos conseguir. Cuando no tenemos posibilidades inmediatas de cambio, podemos analizar las prioridades y desarrollar un plan de acción a lo largo del tiempo.

En este sentido, creo que es importante que el Maestro de Feng Shui se preocupe por pensar en buscar las opciones que más se adapten a las posibilidades reales del cliente.

  • Nosotros elegimos cuales serán las acciones que llevaremos a cabo y nosotros somos los que nos pondremos los límites, ficticios o no, sobre la ejecución de dichas acciones. En último término, no hay mayor suerte que aprovechar nuestras capacidades.

Y ya que estamos de fórmulas, me gustaría compartir una que ayer le oí a Alex Rovira exponer en una conferencia: 

Buena suerte = Preparación x Oportunidad

Oportunidad = f (Azar)

Buena Suerte = Preparación x Azar

Azar = 1 / Preparación

Buena Suerte = Preparación x 1 / Preparación

Buena Suerte = 1

Buena Suerte = 1 mismo

RESULTADOS

En mi experiencia, puedo afirmar que los resultados de la aplicación de la técnica son inmediatos, es decir, desde el momento que hemos llevado a cabo las acciones elegidas empiezan a surgir cambios en la dirección que buscábamos. Cuando no es así, es necesaria una revisión en la que caben dos posibilidades:

  • Que el Maestro de Feng Shui se haya equivocado
  • Que no tengamos claro lo que queremos conseguir, con lo cual los resultados no nos convencen. También es habitual, en este caso, que no hayamos llevado a cabo las acciones requeridas…

Os animo a ver un video muy divertido de Monty Python sobre la diferencia entre actuar y no actuar, pulsando aquí 

 Maru Canales

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